miércoles, 30 de diciembre de 2009

boletín de literatura "In-humanidades"


Acaba de publicarse el boletín de literatura "In-humanidades". Es una continuación de "Cascada de Fuego". En este segundo número escriben:

1. Discurso "indio": la literatura al servicio de la ideología, (artículo) por Javier Núñez.
2. El runa/jaqi "filósofo" y su hermes gringo (artículo), por Yudio Cruz
3. Algo sobre tú (poema), Glinio Cruz
4. Cascada de fuego y otros poemas, por Luis Incacutipa
5. Rosa húmeda (poemas), por Vicente Ytusaca
6. Varios poemas, por Wilfredo Juli
7. La colombiana (cuento), por Ubaldo Quilla
8. Lágrimas para Ariadna (cuento), por Javier Núñez
9. Hijo de perra y otros microrelatos, por Wilber Llaiqui


Para más información escribir a: inhumanidades@hotmail.com, dorianjavier23@hotmail.com

Fono: 051951024651


DIRECCIÓN: Javier Núñez / Vicente Ytusaca
EDICIÓN: Wilber Llaiqui




Puno - Perú


De venta en Kioscos y librerías

sábado, 19 de diciembre de 2009

Junto a Rodolfo Hinostroza

Javier Núñez y Rodolfo Hinostroza

En conversaciones sobre la nueva poesía (III Festival de libro Arequipa 2009).

Arequipa, 10 de diciembre de 2009




En el III Festival del Libro Arequipa 2009

En el marco del III Festival del Libro Arequipa 2009, el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia & LagOculto Editores presentaron la Serie de narrativa breve Presagio:


Javier Núñez y Walter Bedregal en la Plaza Yanahuara (III Festival del Libro Arequipa 2009) conversando sobre la Serie de narrativa breve Presagio y la nueva narrativa en Puno.



Javier Núñez leyendo "Una noche inolvidable" en la presentación de "Salomé y otros cuentos", en el III Festival del Libro Arequipa 2009.



Walter Bedregal hablando sobre su libro Pamoslake en el III Festival del Libro Arequipa 2009

II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa: "El lugar de mis sueños", 2009

J. Núñez en el II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa: "El lugar de mis sueños", 2009






Javier Núñez, Carlos Calderón Fajardo y Vicente Ytusaca en el II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa, 2009




Leyendo el cuento "Salomé"


J. Núñez leyendo el cuento Salomé en el II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa, 2009.

viernes, 18 de diciembre de 2009

II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa, 2009

Javier Núñez, Darwin Bedoya y Wálter Bedregal

En el marco del II Encuentro Nacional de Escritores - Lampa, 2009, el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia & LagOculto Editores presentaron la Serie de narrativa breve Presagio:

- Pamoslake, de Walter Bedregal

-Es que hacías tanta falta, de Darwin Bedoya

-Salomé y otros cuentos, de Javier Núñez

martes, 15 de diciembre de 2009

"El profesor Arias", Segunda Mención Honrosa en el PREMIO NACIONAL VICTOR HUMAREDA GALLEGOS

I BIENAL DE ARTE

“VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” 2009
GANADORES GÉNERO: CUENTO


PRIMER LUGAR: PREMIO NACIONAL "Víctor Humareda Gallegos" de ORO 2009 S/. 3,000.00 (Tres mil nuevos soles)
Título de la obra: “La luna va a salir"
Pseudónimo de: El barón rampante
Correspondiente a: Jorge Monteza Arredondo
Procedencia: Arequipa.

SEGUNDO LUGAR: PREMIO NACIONAL "Víctor Humareda Gallegos" de PLATA 2009 S/. 2,000.00 (Dos mil nuevos soles)
Título de la obra: “Un hombre sin pasado, sin rostro”
Pseudónimo de: Erasmia Delgado
Correspondiente a: Franklin Jorge Parra Osco
Procedencia: Tacna.

TERCER LUGAR: PREMIO NACIONAL "Víctor Humareda Gallegos" de BRONCE 2009 S/.1,000.00 (Un mil nuevos soles)
Título de la obra: “Yo no soy cualquier cosa”
Pseudónimo de: Fidencio Primero
Correspondiente a: Arturo Villena Aguirre
Procedencia: Cusco.

PRIMERA MENCIÓN HONROSA:
Diploma
Título de la obra: “La piedra”
Pseudónimo de: Lope de Aguirre
Correspondiente a: Juan Wilfredo Yufra
Procedencia: Arequipa.

SEGUNDA MENCIÓN HONROSA:
Diploma
Título de la obra: “El profesor Arias”
Pseudónimo de: Dorian
Correspondiente a: Javier Núñez
Procedencia: Puno.

TERCERA MENCIÓN HONROSA:
Diploma
Título de la obra: “Riñuco”
Pseudónimo de: Perséfone
Correspondiente a: Orlando Alonso Mazeyra Guillén
Procedencia: Arequipa.



jueves, 10 de diciembre de 2009

Serie narrativa breve Presagio, en el III Festival del Libro - Arequipa 2009

En el marco del III Festival del Libro - Arequipa 2009, el Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" & LagOculto Editores, estarán presentando tres títulos de la Serie de narrativa breve Presagio.

La cita es a las 15 horas; jueves, 10 de diciembre de 2009

Quedan cordialmente invitados.



“Pamoslake”, de Walter L. Bedregal Paz, que con esta singular historia nos lleva a un mundo donde pareciese que existen personajes escapados de los más extraños sueños que bordean la locura, al tiempo que transgreden cualquier tipo de convenciones sociales o amorosas, en un espacio geográfico tan común, donde todo está ordenado y prefijado.














“Es que hacías tanta falta”, de darwin bedoya, texto que persiste en la búsqueda casi alcanzada de la significación estética, estructural y poética parece haber confluido en esta historia llena de magia y vigor imaginativo, a través de los cuales se podrá notar una voluntad enorme de la organicidad del discurso y la postulación a la imaginería inteligible de sucesos sin fisuras, como un primer rasgo que se puede embanderar el autor.












“Salomé y otros cuentos”, de Javier Núñez, el erotismo no imita la sexualidad, «es su metáfora.» El texto erótico es la representación textual de esta metáfora. Con esta posición opuesta de formas de amor es que Javier Núñez nos narra historias perfumadas con un tono sicalíptico, casi como una estela que alumbra ésta su ópera prima. En estas páginas el erotismo toma en cuenta hechos de orden subjetivo, de placer, de apetito o de necesidad claramente sexual, pero también ligados al ejercicio de funciones comúnmente consideradas como no sexuales.

Javier Núñez, finalista de I BIENAL DE ARTE“VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” 2009, género cuento

ACTA FINAL
GENERO CUENTO
I BIENAL DE ARTE“VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” 2009
II ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES PERUANOS“LAMPA: “EL LUGAR DE MIS SUEÑOS” 2009

Los suscritos miembros del JURADO calificador del Concurso Nacional de Cuento, PREMIO: “VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” DE CUENTO 2009, con presencia del Notario Público de Lampa, Dr. Helard Medina Cáceres, el Presidente de la Comisión Organizadora Walter L. Bedregal Paz, y el Sr. Alcalde de la Municipalidad Provincial de Lampa, el Prof. Ciriaco I. Díaz Aréstegui.


Acordaron seleccionar de un total de 103 trabajos participantes, 13 finalistas siguientes:

1.- “Calles latinoamericanas”, pseudónimo de: Karikatumba”.

2.- “Riñuco”, pseudónimos de: Perséfone.

3.- “El compadrazgo”, pseudónimo de Román Iglesias

4.- “El becerro sagrado”, pseudónimo de: Mallk`u.

5.- “La luna va a salir”, pseudónimo de: El barón rampante.

6.- “Un ángel”, pseudónimo de: Caudillo.

7.- “Poca suerte”, pseudónimo de: Vigía de la sabana.

8.- “Absoluto”, pseudónimo de: Inyección.

9.- “Yo no soy cualquier cosa”, pseudónimo de: Fidencio Primero.

10.- “La piedra”, pseudónimo de: Lópe de Aguirre.

11- “Noche Serrana”, pseudónimo de: Woody Allegre.

12.- “El profesor Arias”, pseudónimo de: Dorian

13.- “Un hombre sin pasado, sin rostro”, pseudónimo de: Erasmia Delgado.

De los 13 finalistas se eligieron, por unanimidad, los siguientes cuentos ganadores:

PRIMER LUGAR:PREMIO: “VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” DE ORO“La luna va a salir”, pseudónimo de: El barón rampanteS/. 3,000.00 (Tres mil nuevos soles)Diploma.

SEGUNDO LUGAR:PREMIO: “VÍCTOR HUMAREDA” DE PLATA“Un hombre sin pasado sin rostro”, pseudónimo de: Erasmia DelgadoS/. 2,000.00 (Dos mil nuevos soles)Diploma.

TERCER LUGAR:PREMIO: “VÍCTOR HUMAREDA GALLEGOS” DE BRONCE“Yo no soy cualquier cosa”, pseudónimo de: Fidencio PrimeroS/. 1,000.00 (Un mil nuevos soles).Diploma.

Conforme a las Bases del certamen, los cuentos ganadores del Género de Cuento, y las Menciones Honrosas, conformarán la edición antológica de la I Bienal de Arte “Víctor Humareda Gallegos” 2009.

Ciriaco I. Díaz Aréstegui
Alcalde
Helard Medina Cáceres
Notario
Lampa


Walter L. Bedregal Paz
Presidente
Comisión Organizadora


Carlos Calderón Fajardo
JURADO
Willard Díaz Cobarrubias
JURADO
José Luis Ramos Salinas
JURADO


Lampa, 07 de diciembre de 2009.


La Comisión Organizadora

lunes, 23 de noviembre de 2009

Javier Núñez en el diario "Noticias" de Arequipa


Diario NOTICIAS, Arequipa, lunes, 23 de noviembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Escritores nacionales invitados al II Encuentro Nacional de Escritores Peruanos "Lampa: El lugar de mis sueños" (5 - 8 de diciembre)

J. Núñez en Lampa, 2008

Ricardo Gonzáles Vigil (Lima)
Rodolfo Hinostroza (Lima)
Omar Aramayo (Lima)
Carlos Calderón Fajardo (Lima)
Luis Fernando Chueca (Lima)
Miguel Ildefonso (Lima)
Paul Guillén (Lima)
Fernando Carrasco (Lima)
Jack Flores (Lima)
Ricardo Virhuez Villafame (Lima)
Wilberth Moreno(Lima)
Gabriela Caballero Delgado (Tacna)
William Gonzales (Tacna)
Mario Carazas Conde (Tacna)
Mario Guevara Paredes (Cusco)
Niel Palomino (Cusco)
Hernán Hurtado Trujillo (Abancay)
Vladimir Herrera (Cusco)
Alfredo Herrera Flóres (Madre de Dios)
Yenine Ponce Jara (Madre de Dios)
José Gabriel Valdivia (Arequipa)
Willard Díaz (Arequipa)
Maurizio Medo (Arequipa)
Luzgardo Medina Egoavil (Arequipa)
José Luis Ramos (Arequipa)Gloria Mendoza (Arequipa)
Luz Vilca (Arequipa)
Filonilo Catalina (Arequipa)
Lolo Palza Valdivia (Arequipa)
José Córdoba (Arequipa)
César Sánchez (Arequipa)
Luis Ormachea Azpilcueta (Arequipa)
Juan Yufra (Arequipa)
Juan Zamudio (Arequipa)
Arthur Zevallos (Arequipa)
Darwin Bedoya Bautista (Moquegua)
Jovín Valdez Peñaranda (Moquegua)
Percy Zaga Bustinza (Puno)
Juan Luis Cáceres Monroy (Puno)
Feliciano Padilla (Puno)
José Paniagua Núñez (Puno)
Eddy Oliver Sayritupa Flores (Puno)
Bladimiro Centeno (Puno)
Luis Pacho Poma (Puno)
Víctor Villegas Arias (Puno)
Juan Carlos Ortiz (Puno)
Javier Núñez (Puno)
Samuel Álvarez Enríquez (Juliaca)
Rubén Soto Cruz (Juliaca)
Miguel Ángel Cáceres Calvo (Juliaca)
Gabriel Apaza (Juliaca)
René Calsín Anco (Juliaca)
Hugo Apaza Quispe (Juliaca)
Fredy Guzmán Zúñiga (Juliaca)
Walter Zea Mamani (Juliaca)
Vicente Ytusaca (Juliaca)

domingo, 18 de octubre de 2009

Un adelanto de "Herejes"

En Arequipa, octubre de 2009


Capítulo I


1

Una tarde de otoño, Ernest Luvy apareció en la ciudad de Las Vegas como un ángel caído del cielo. Las personas que lo conocieron nunca supieron su procedencia ni sus intenciones. Algún tiempo después, el director del CIBS, el distinguido doctor Strain, minutos antes de morir agujereado por las balas, diría que mister Luvy jamás debió haber nacido.


Alquiló un departamento sin saber por cuánto tiempo, y esa misma noche trazó el plan que meses después había de frustrar el sueño de una logia peligrosa. A la noche siguiente visitó a los principales casinos y bebió vodka acompañado de mujeres preciosas.


Era, en realidad, difícil imaginar a qué se dedicaba. Algunos, incluso, creyeron que era un turista desorientado.


Por las noches escribía en su ordenador portátil y enviaba mensajes a ciertas personas, a veces navegaba en la red, otras veces pasaba el tiempo leyendo libros de misterio y civilizaciones antediluvianas.


Una noche, habló en la televisión sobre los códigos secretos de las civilizaciones desaparecidas. No le prestaron mucha atención. Después de disertar se dirigió a su departamento alquilado. Al entrar se sentó en el sofá y revisó una revista que versaba sobre la vida en otros planetas. De pronto sonó el teléfono que lo distrajo de la lectura. Se levantó raudamente para contestar. Al escuchar la voz del hombre que lo llamaba se asustó un poco. De hecho sabía que alguien lo llamaría, pero esa noche pensó sin querer en el FBI.


2

El maestre entró en el templo con el símbolo sagrado en la mano. Caminó hacia el oriente (sitio más importante, donde estaba el trono de Salomón) para tomar asiento. En la parte alta del trono se encontraba un triángulo (símbolo de la perfección divina) con los caracteres hebraicos que decía Jehovah. El trono donde iba a sentarse lucía con un faldón escrito: Libertad, igualdad y fraternidad. Desde allí inició con el ritual acostumbrado. Luego invocó a sus tres discípulos que la lucha con su peor enemigo, la religión cristiana, no había terminado aún…


El techo del templo, pintado de azul índigo, era una clara imitación a la bóveda celeste, con sus signos zodiacales distribuidos. Las paredes estaban pintadas de color rojo-sangre.


El templo donde se encontraban era un sótano reconstruido, que incluía varias recámaras incorporadas de circuitos de seguridad más sofisticados. Allí realizaban ritos divinos, experimentos científicos, estudios secretos... Nadie sabía aparte de los cuatro la existencia del templo, adonde asistían con un vestido negro, camisa blanca, corbata negra y guantes blancos.


Daban culto al Gran Arquitecto del Universo, y tenían formuladas sus doctrinas religiosas, oraciones propias, un código moral, vestimentas rituales…


El maestre había llegado desde tierras extrañas. Poco a poco había conseguido puestos importantes dentro de una institución norteamericana dedicada a la investigación científica… Nadie sabía que el maestre y sus fieles discípulos pertenecían a una de las logias más importantes de todos los tiempos: Los hijos de Abraham.

3

Patrick Craelius no sospechó en ese momento que el mensaje más reciente de su e-mail marcaría definitivamente el inicio de una nueva etapa en su vida, ni se imaginó que sería utilizado por una secta masónica, ni pensó que se enfrentaría a uno de los grupos antiyanquis más peligrosos de los últimos años.


El remitente se identificaba como Agente Mapuche, por cuestiones de seguridad, decía. Detrás de ese sobrenombre se ocultaba su amigo de la Universidad de Harvard, que en sus años de estudiante se llamaba Raúl Tapia: Fuimos compañeros en la universidad; debes recordarlo. Hace tiempo que no tenía noticias de ti. Gracias al artículo que publicaste en la revista Ciencia y actualidad conseguí tu e-mail… Tapia se había retirado sin terminar sus estudios universitarios para instalarse definitivamente en Chile.


Cuando releyó el e-mail, Craelius tragó saliva y cayó en la cuenta de que la hegemonía norteamericana –incluso el futuro de la humanidad– estaba en juego. ¡Imposible!, se dijo mientras trataba de no tomar en cuenta el correo electrónico.


Aún cavilaba mirando la pantalla del monitor cuando alguien tocó la puerta. Se asustó sin saber por qué. Buscó rápidamente en la gaveta del escritorio la pistola que había traído de la Marina Norteamérica. Abrió la puerta lentamente mientras con la otra mano sujetaba el arma. Echó un suspiró cuando reparó que era su joven esposa, con quien se había casado hace tres años.

4

Strain, de ascendencia judía, nacido en Viena y nacionalizado norteamericano, tomó la dirección del CIBS a sus cuarenta y cinco años. Aparte de sus obligaciones hizo remodelar el sótano abandonado por mucho tiempo, donde fundó la Sociedad de científicos iluminados. Sus colegas socios pasaron a llamarse Agente 1, Agente 2 y Agente 3, respectivamente.


Unos meses antes de ser director del CIBS viajó a Palestina. Estando allá encontró un documento antiguo en un templo medieval, el Manuscrito de Lares. Después de descifrar los símbolos a duras penas, cayó en la cuenta de que en una isla del lago Titicaca se encontraba un registro (nurkam) que guardaba los conocimientos científicos de una civilización altamente desarrollada que había existido antes del diluvio universal, probablemente la Atlántida.


Strain meditó largo rato y llegó a la conclusión de que utilizando esos conocimientos revolucionaría la ciencia actual. Comunicó el secreto a sus agentes, quienes prepararon la expedición y partieron para el altiplano peruano.


Los agentes ubicaron el lugar exacto, la Isla de Lares, y hallaron el misterioso nurkam. Luego se lo llevaron para el laboratorio del CIBS, donde lo sometieron al análisis para la transferencia de datos. Estaban convencidos de que el nurkam almacenaba conocimientos ignorados por la ciencia actual. El día que logremos extraer esa información, decía Strain, cambiaremos la historia de la humanidad.

(…)


Herejes (título tentativo), la primera novela de Javier Núñez, sale a la luz a mediados de 2010.



Poemas de Luis A. Incacutipa


PASOS OPUESTOS

Nuestros pasos buscan el vuelo
de las gaviotas sin morada.

Verás que te conozco más que nadie
cuando preguntes por tu aroma a mis labios.

Pero son inevitables las líneas opuestas
que nos guían hacía mares sin puertos.


CASCADA DE FUEGO

Las palabras sueñan con sus pasos
y son las páginas que no ven pupilas.

Las palabras son cascadas de fuego
que ríen danzando con su libertad
Nacen de los detalles
y se tienden como ríos caudalosos
Tienen sombras largas
que refrescan nuestros ojos.

Y esperan que alguien las acaricie
como las olas a la noche.


NOCHE

De la noche me gusta el silencio
sin delatar al herrero de la amistad
De las nubes me gusta la lluvia
que limpia los poros del universo.

Del día me gusta poco su morada
que trata de abrazar algunas almas

"Días secretos", de Bladimiro Centeno



Acaba de publicarse Dias secretos (Ornitorrinco editores - Lima), de Bladimiro Centeno.

miércoles, 7 de octubre de 2009

I Feria Internacional del Libro de Arequipa - 2009



Miguel Ángel Cáceres, Javier Núñez y Walter Bedregal




J. Núñez

Presentación de "Salomé y otros cuentos" en FIL Arequipa 2009


(Walter Bedregal, Miguel Ángel Cáceres, Javier Núñez y José Córdova)

El pasado 27 de septiembre, en el marco de la I Feria Internacional del Libro de Arequipa - 2009, el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia & LagOculto Editores presentaron el libro Salomé y otros cuentos, de Javier Núñez.

domingo, 4 de octubre de 2009

"Salomé y otros cuentos" en FIL Arequipa 2009


Salomé y otros cuentos (Grupo Editorial Hijos de la Lluvia & LagOculto Editores, 2009), de Javier Núñez, en la I Feria Internacional de Libro de Arequipa, 2009.




miércoles, 30 de septiembre de 2009

El poema “EE”, de Miranda: Una aproximación desde el Análisis del Discurso


Por Javier Núñez

Generalidades

En el presente ensayo, utilizando los presupuestos teóricos del Análisis del Discurso, nos aproximaremos al poema EE, de Efraín Miranda (San Antonio de Putina - Puno, 1925), uno de los poetas más importantes de la literatura puneña y peruana; autor de Muerte cercana (1954), Choza (1978), Vida (1984), Padre sol (1998).

Microestructuras e isotopías

Las microestructuras son “aquellas unidades textuales que guardan una cierta homogeneidad entre sí, la cual las diferencia del resto de unidades del texto” (Villegas, Manuel). Por otro lado, la isotopía es un “conjunto redundante de categorías semánticas” (Greimas). Ahora bien, segmentaremos el poema “EE” en microestructuras e identificaremos las isotopías.

El poema “EE” está constituido de cinco microestructuras. A saber:

a) “¡No me grites de calle a plaza: cholo; / grítame de selva a cordillera, / de mar a sierra, / de Tahuantinsuyo a República: INDIO!” Ingresamos a un espacio inmediato (“de calle a plaza”) que será negado por el sujeto lírico para presentarnos otro espacio más amplio, casi totalizador (“de selva a cordillera” / “de mar a sierra”). Entonces, como primer componente isotópico tenemos al “espacio”, que constituye el mundo adonde el sujeto lírico pertenece. El sintagma “de Tahuantinsuyo a República” remite a la Historia, de manera que estaríamos hablando del “tiempo”, como otro componente isotópico. Ahora bien, conocemos el espacio geográfico y el tiempo histórico donde el sujeto lírico interactúa. Por otro lado, el sujeto lírico rechaza la denominación “cholo” y se identifica como “indio”. Este lexema (“indio”) atraviesa todo el discurso, de manera que le da coherencia isotópica al poema y genera la isotopía “etnia india”.

b) “¡Lo soi! / ¡A puntapiés, insultos y balas: lo soi! / ¡Explotado, robado, asesinado: lo soi! / ¡Con mi esqueleto, mi ecología y mi historia: lo soi!” Según el co-texto existente, el sintagma “A puntapiés” y los lexemas “insultos”, “balas”, “explotado”, “robado”, “asesinado” generan el campo semántico de la isotopía “etnia india”.

c) “En iglesias, coliseos, municipalidades / me gritan: ¡indio! / Los descendientes de galeotes, criminales, indultados / aventureros hispanos me gritan: ¡indio! / Todos los descendientes de Adán y Eva me gritan: ¡indio!” Los lexemas “iglesia”, “coliseo”, “municipalidades” constituyen la isotopía “espacio”, que forma parte de la visión del sujeto lírico. En esta microestructura aparece un elemento isotópico importante: “etnia occidental” (oposición a la etnia india), que se constituye sobre la base de los sintagmas “descendientes de galeotes”, “aventureros hispanos”, “Todos los descendientes de Adán y Eva”, y el lexema “criminales”. Hasta aquí hemos identificado un eje semántico que atraviesa todo el poema: “lo étnico”, con sus dos haces isotópicos: “lo indio” y “lo occidental”.

d) “¡Soi indio! / Tengo el color mismo de mi Madretierra, / raíces en misma Madretierra, / nací en mí y de mi Madretierra, / nací de y en sus elementos energéticos, / de su cenética activa y germinal; / soi indio: una de las variedades formas de su creación.” Como se puede apreciar, el uso reiterado de la palabra “Madretierra” remite al “espacio” (mundo indio). Aquí se precisa el “espacio”, adonde el sujeto lírico pertenece. Básicamente, el lexema “Madretierra” adquiere sentido dentro de la cosmovisión andina (pachamama). Hay una fuerte relación (recíproca) entre el hombre y la “tierra”, y se puede afirmar que aquél es una prolongación de ésta.

e) “¡Soi indio! / Y, para los genealogistas, regalo en mi choza / lustrosos pergaminos de animales pur sang, / con el árbol verde virgen, a partir de un tronco nobiliario, / o, si lo desean, desde un origen cavernario / o, si lo estiman, desde una cuna extraterrestre / o, si lo creen, desde una concepción antinatural.” En esta microestructura, el lexema que aparece con más carga semántica referido al “espacio” y a la isotopía “lo indio” es “choza”. Sin embargo, vale resaltar otros sememas que se generan. El sintagma “árbol verde virgen” produce el sentido de pureza. Si le sumamos al sintagma “lustrosos pergaminos de animales pur sang”, advertiremos que el sujeto lírico habla de la pureza de su sangre, y, por ende, habla de su raza presentándonos varias posibilidades respecto a su origen: “origen cavernario”, “cuna extraterrestre” o “concepción antinatural”.

En suma, el eje semántico que atraviesa todo el poema es “lo étnico”, cuyos dos haces isotópicos más resaltantes que se contraponen son: “Etnia india” vs “etnia occidental”. La primera está constituida por los lexemas: “sierra”, “cordillera”, “Tahuantinsuyo”, “indio”, “explotado” “robado”, “asesinado”, “Madretierra”, “choza”. La segunda se genera a partir de los lexemas “iglesias”, “coliseos”, “municipalidades”, “galeotes”, “criminales”, “hispanos”, “aventureros”, “Adán”, “Eva”.


Sujeto de la enunciación

¿Quién habla en el poema “EE”? Desde la perspectiva del discurso y de la pragmática, el poema presupone la existencia de un sujeto enunciador, es decir, hay alguien que produce el discurso lírico. Se tiende a confundir el sujeto real (poeta) con el sujeto lírico (ficticio). Este último es un ser hecho de palabras que habla por el poeta y se actualiza cada vez que el poema es leído. Es decir, cuando leemos un poema el que nos habla (o el que toma la palabra) es el sujeto lírico y no el poeta (sujeto empírico). Ahora bien, en el poema “EE” habla el sujeto lírico, cuya identidad es no-indio que quiere ser indio. Las condiciones en que se producen los primeros enunciados son subjetivas, es decir, el sujeto lírico enuncia el discurso en un momento de exaltación emocional. Eso se aprecia básicamente por el uso reiterado de signos de exclamación y por el empleo de la palabra “indio” en mayúscula.

Actos de habla

Entendemos por “acto de habla” como “un enunciado establecido a partir de las intenciones de los hablantes y los efectos que tiene en los destinatarios.” Veamos los posibles actos de habla en el poema “EE”.

La primera microestructura constituye un acto de habla ilocucionario de tipo directivo, es decir, la intención del sujeto lírico es “ordenar”. ¿A quién se dirige el sujeto lírico? Habíamos determinado dos grupos étnicos: “lo occidental” y “lo indio”. Se presupone que entre indios no se dicen indios (valga la redundancia). Eso nos permite afirmar que el discurso está dirigido a los receptores occidentales y, quizá también, a la sociedad mestiza. ¿Por qué el sujeto lírico “ordena” que lo llamen indio y no cholo? Porque no es indio, más bien quiere (desea) ser indio. A un indio no le hace falta exigir que lo llamasen indio… El primer enunciado presupone que el sujeto lírico es identificado por la sociedad como no-indio.

En la segunda microestructura se producen tres actos de habla ilocucionarios de tipo asertivo. La intención del sujeto lírico es afirmar (informar) sobre su identidad india. Para “argumentar” que es indio nos dice que vive en las condiciones en que lo hace un indio, nos habla de su “historia”, sus características, sus tradiciones, etc.

En la tercera microestructura también se observa la intención de afirmar (informar). El sujeto lírico “informa” que es llamado indio: “me gritan: ¡indio!” Debe recordarse que el sujeto lírico “deseaba” ser identificado como indio, pero ahora resulta que en todas partes es reconocido como tal. ¿Qué sucedió? Dicho de otro modo, en los primeros enunciados, el sujeto lírico exigía que lo llamaran indio porque no lo era; ahora afirma que los occidentales le gritan indio… Lo que sucede es que el sujeto lírico (virtualmente) ya se siente identificado como indio y “cree” que es reconocido como tal. Desde esa perspectiva enuncia el discurso, con cierto resentimiento y como si se “incomodara” identificado indio, ya que en su discurso se aprecian inclinaciones racistas: los occidentales aparecen calificados como “descendientes de galeotes, criminales, indultados / aventureros hispanos me gritan: ¡indio!”

En la cuarta microestructura se aprecian actos ilocutivos de tipo asertivo, ya que el sujeto lírico tiene la intención de “informar” sobre su origen. Para ello apela a la cosmovisión andina, introduce la categoría Madretierra, y se identifica como hijo, o prolongación, de aquélla: “nací en mí y de mi Madretierra”. El sujeto lírico “argumenta” su condición de indio circunscribiéndose en el mundo andino.

En la última microestructura, el sujeto lírico afirma que realiza una acción concreta (“Y, para los genealogistas, regalo en mi choza…”). ¿Y qué “regala”? Básicamente “pruebas” de que sí pertenece al grupo étnico indio. Para ello, el sujeto lírico habla de la pureza de la sangre india, y hace un recorrido genealógico y nos presenta el origen de la raza india a partir de tres posibles fuentes: “origen cavernario”, o “cuna extraterrestre”, o “concepción antinatural”.

Macroestructura semántica

La macroestructura “es la representación abstracta de la estructura global del significado de un texto” (van Dijk). Ahora bien, la macroestructura del poema “EE” sería: El sujeto lírico quiere (desea) ser identificado como indio porque no es reconocido como tal.

Superestructura

La superestructura es “la forma global de un discurso, que define la ordenación global del discurso y las relaciones (jerárquicas) de sus respectivos fragmentos” (van Dijk). Intuitivamente, en el poema “EE” identificamos tres categorías (o partes). A saber:

a) Deseo de ser reconocido como indio. Está conformada por la primera microestructura. El sujeto lírico quiere ser reconocido como indio. “grítame (…): INDIO…”

b) ‘Argumentación’ a favor de la realización del deseo. Está constituida por la segunda, cuarta y quinta microestructuras. El sujeto lírico presenta “pruebas” para ser reconocido como indio. Para ello menciona una serie de condiciones, características, cosmovisión, etc., que forman parte de la etnia india: “Explotado, robado, asesinado...”; “nací en mí y de mi Madretierra…”; “regalo en mi choza / lustrosos pergaminos de animales pur sang…”.

c) Deseo realizado. La constituye la tercera microestructura. El sujeto lírico (virtualmente) se considera indio y “cree” que ya es reconocido como tal. Desde esa óptica enuncia el discurso: “Todos los descendientes de Adán y Eva me gritan: ¡indio!”.


A manera de conclusión

Para terminar, debemos señalar tres aspectos:

1. En el poema “EE”, el sujeto lírico se configura en un mundo donde interactúan y/o se contraponen las etnias “lo indio” y “lo occidental”.

2. El sujeto lírico quiere (desea) ser admitido como indio porque la sociedad no lo reconoce como tal. Para lo cual, presenta “pruebas” para afirmar que es indio y reclama, exaltado emocionalmente, que lo reconozcan como tal.

3. El sujeto lírico, “virtualmente”, se considera reconocido como indio y produce el discurso desde esa perspectiva.


Referencias bibliográficas

- Bedregal Paz, Walter. “Aquí no falta nadie. Antología de poesía puneña”. Grupo Editorial Hijos de la Lluvia. Juliaca, Perú, 2008.
- Cabo, Fernando (comp.). “Teorías sobre la lírica". Arco / Libros. Madrid, 1999.
- Dijk, Teun van. "Estructuras y funciones del discurso". Siglo Veintiuno Editores. México, 1996.
- Dijk, Teun van. “El procesamiento cognoscitivo del discurso literario”, en Acta Poética. Universidad Nacional Autónoma de México, 2/1980, pp. 3-26.
- Escandell, Victoria. "Introducción a la pragmática". Editorial Anthropos. España, 1993.
- Fuentes, Catalina. "Lingüística pragmática y Análisis del discurso". Arco / Libros. Madrid, 2000.
- Lozano, Jorge y otros. “Análisis del discurso”. Ediciones Cátedra. Madrid, 1986.
- Mayoral, José Antonio. (Comp.) “Pragmática de la comunicación literaria”. Arco / Libros. Madrid, 1997.
- Miranda, Luis. "Introducción a la lingüística del texto". Universidad Ricardo Palma. Lima, 2002.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Presentación de tres títulos de la nueva "Serie de narrativa breve Presagio"

En el marco de la Feria Internacional del Libro FIL - Arequipa 2009, el Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" & LagOculto Editores, se complacen en presentar tres títulos de la nueva Serie de narrativa breve Presagio.

“Pamoslake”, de Walter L. Bedregal Paz, que con esta singular historia nos lleva a un mundo donde pareciese que existen personajes escapados de los más extraños sueños que bordean la locura, al tiempo que transgreden cualquier tipo de convenciones sociales o amorosas, en un espacio geográfico tan común, donde todo está ordenado y prefijado.







“Es que hacías tanta falta”, de Darwin Bedoya, texto que persiste en la búsqueda casi alcanzada de la significación estética, estructural y poética parece haber confluido en esta historia llena de magia y vigor imaginativo, a través de los cuales se podrá notar una voluntad enorme de la organicidad del discurso y la postulación a la imaginería inteligible de sucesos sin fisuras, como un primer rasgo que se puede embanderar el autor.








“Salomé y otros cuentos”, de Javier Núñez, el erotismo no imita la sexualidad, «es su metáfora.» El texto erótico es la representación textual de esta metáfora. Con esta posición opuesta de formas de amor es que Javier Núñez nos narra historias perfumadas con un tono sicalíptico, casi como una estela que alumbra ésta su ópera prima. En estas páginas el erotismo toma en cuenta hechos de orden subjetivo, de placer, de apetito o de necesidad claramente sexual, pero también ligados al ejercicio de funciones comúnmente consideradas como no sexuales.




Lugar: Auditorio "José Ruiz Rosas" - Parque Libertad de Expresión –Umacollo – Arequipa
Fecha: Domingo 27 de septiembre – 4 pm
Quedan cordialmente invitados.

lunes, 7 de septiembre de 2009

"Salomé y otros cuentos", de Javier Núñez


Por José Luis Velásquez Garambel

“Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”. (Oscar Wilde)

“Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo”. (Napoleón)

Se acaba de publicar “Salomé y otros cuentos” de Javier Núñez (Melgar – Puno, 1980), estudió en la especialidad de Lengua, Literatura, Psicología y Filosofía en la UNA-P., Actualmente viene desarrollando estudios de maestría en Lingüística Aplicada (UNSA-Arequipa). Posee en su haber "Espejos de bronce" (2005), un libro de escritos juveniles publicados junto a Franklin Ramos. En el 2008, con el cuento "Clara Luz", fue finalista en el concurso Regional de Cultura, auspiciado por I.N.C. de Cusco. De él, hemos leído también "Los Herejes"(en la que los personajes pertenecen a la vida real y que pueden ser identificados en las situaciones exageradas de las que participan en su afán por hacer literatura, en el espaciopuneño), una novela producto de sus lecturas de las obras de Roberto Bolaños, ese magnífico narrador chileno autor de “Las Putas Asesinas”, “Los Detectives Salvajes” y “2666”, sin duda uno de los autores de culto de las nuevas generaciones, perteneciente al Post Boom, y a quien la crítica viene reconociendo tardíamente.

Núñez relata, en “Salomé y otros cuentos”, algunos hechos que escapan a la verosimilitud y que podrían ser calificados, como alguna vez lo hizo Jorge Flórez, de snop; ello se debe a que la ideología es un eje y motor latente en nuestra cultura, que peca de moralista y secreta e hipócritamente comparte una moral doble (por un lado sanciona lo que ella disfruta y por otro goza de lo que a los otros se les está negado), que en muchos casos priva al lector de una visión más crítica y amena, obviamente esconde su apreciación en el velo de la moral, que para este caso es un obstáculo para un apreciación cabal de cualquier obra. Claro que en el arte no existe moral, es como dice Oscar Wilde, al referirse al tema de los libros o a la naturaleza de ellos: “No existen tales cosas como los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o están mal escritos, eso es todo” y en el caso de Javier Núñez, podríamos arriesgar a decir que es un talento en desarrollo, producto de la dedicación en el oficio, del ejercicio y estudios constantes. Su narrativa ha evolucionado desde sus primeros relatos, ahora muestra una técnica más lograda, el manejo de la palabra, así como un buen dominio de las estructuras.

Núñez no es un filibustero que intenta sorprender a la opinión pública publicando cualquier mamotreto que pase por texto literario para incrementar el expediente personal, o para lograr un sitial entre los tantos poseros que reclaman sitio y reconocimiento como al parecer se acostumbra en las últimas hornadas, desde esta perspectiva no cualquier hijo de vecino (sin ofender al vecino obviamente) debe dedicarse a un oficio tan delicado y noble, esto por falta de talento, formación, dedicación y lecturas.

Pues, ante todo como dice Wilde (quien también posee en su haber “Salomé”): “El artista es el creador de las cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. El crítico es quien puede traducir a otra forma o a un nuevo material su impresión de las cosas bellas. La más elevada, así como la más baja, forma de crítica es la de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en las cosas bellas son corruptos sin encanto. Ésa es su falta. Los que encuentran intenciones bellas en las cosas bellas son los cultivados. Para éstos hay esperanza. Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan sólo belleza”. Esta es una ocasión para felicitar a Núñez por este atrevido y bello trabajo, que lo sitúa como un narrador urbano.

NOTAS SOBRE EL EROTISMO

Georges Bataille.- “El erotismo es una experiencia interior, es ese "desequilibrio en el cual el ser se replantea a sí mismo y de un modo consciente. En cierto sentido el Ser se pierde objetivamente, pero entonces el Ser se identifica con el objeto que se pierde". Para pasar de un estado normal al estado erótico, manifiesta, se necesita disolver ese Ser constituido en el orden discontinuo (nuestro diario vivir cada quien con su vida y sus proyectos en ella), y para ello es necesario estar desnudos porque la desnudez se opone a ese ser cerrado que somos comúnmente. Otro filósofo para quien la mirada es esencial: lo que seduce es la visión de un cuerpo que nos muestra su secreto, su presencia seductora, su fascinante piel desnuda. Vínculo de espejos adonde la desnudez desordena los sentidos. Lo maravilloso del erotismo, entre muchas cosas más, es que la individualidad que somos se ve así desposeída aunque sea por unos instantes y en su lugar hace su presencia el deseo y la rotura de los límites en la plenitud del instante.

“No sé si la literatura se distingue del erotismo en general. Me parece que es muy importante darse cuenta del carácter infantil del erotismo en su conjunto. Es erótico alguien que se deja fascinar del mismo modo que un niño por un juego, y por un juego prohibido. Y el hombre al que le fascina el erotismo está igualmente en la situación del niño frente a sus padres. Tiene miedo de lo que podría ocurrirle, va siempre bastante lejos porque tiene miedo, no se contenta con lo que los adultos verdaderamente sanos se contentan; le hace falta tener miedo. Necesita reencontrarse con esa situación infantil, cuando se encontraba amenazado constantemente por una riña, de forma muy severa incluso; de un modo insoportable, intolerable. (El énfasis es mío)”.

Mario Vargas Llosa.- "Digámoslo desde el principio: no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. Una literatura especializada en erotismo y que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre. Un texto literario es más rico en la medida en que integra más niveles de experiencia. Si dentro de ese contexto el erotismo juega un papel primordial, se puede hablar verdaderamente de literatura erótica. La Celestina, por ejemplo, es una obra maestra, probablemente la más importante de la literatura española después del Quijote. Decir que La Celestina es una obra erótica sería empobrecerla, porque aunque es eso, también es muchas otras cosas: una obra de una gran riqueza verbal, de una gran inteligencia en su construcción, que incluye muchas manifestaciones de la vida -la moral, la cultura, la psicología-, pero indudablemente el erotismo tiene en ella un papel primordial. ¿Un ejemplo contemporáneo? Lolita, de Nabokov, una de las grandes novelas modernas. En ella el erotismo tiene un papel principal entre muchos otros ingredientes que juegan un papel similar dentro de una gran complejidad. Así es como se da en la vida la experiencia erótica. Una exaltación muy desembozada de la pulsión sexual, de la fantasía erótica, de los fantasmas, del derecho al placer. Todo eso está en Lolita, que, por otra parte, es una obra muy intelectual. El mejor erotismo nunca está disociado de otras manifestaciones, que, además, lo enriquecen".


Publicado en el diario Los Andes

martes, 1 de septiembre de 2009

ANTI-KAMÁCHIQ (PRELIMINARES PARA UNA ASEDIO)


Por Yudio Cruz

1) Jorge Flórez Aybar es, qué duda cabe, el paladín más vehemente del indigenismo literario de última hora (“andinismo” prefiere llamarlo él). Sus numerosos artículos y ensayos literarios, siempre polémicos, lo han consagrado (al menos en Puno) como el principal ideólogo de esta “nueva” corriente. No es ciertamente un crítico literario de primer nivel --sus adversarios cuestionan su rigor académico--, no puede serlo quien, largando al tacho las teorías venidas de ultramar, demanda porfiadamente una “teoría literaria de los Andes”; sin embargo, hay que admitir que estamos ante un ensayista digno de consideración. Sí, un gran ensayista y, por supuesto, un ideólogo consecuente. La reciente publicación de “La agonía de Kamáchiq”, su segunda novela, lo confirma con creces.

Como es natural en estos casos, sus amigos y admiradores celebrarán la publicación del libro redundando en panegíricos, aclamaciones, ditirambos y aplausos. Aunque mi nombre no figura en la lista de invitados, voy a colarme a la fiesta, no con la intención de arruinarla (válgame dios) sino para enriquecerla de un modo inusual en nuestro medio. “Discrepar --ha dicho alguien-- es otra manera de aproximarnos”. Ésa será mi actitud: festejaré la aparición de la novela criticándola. Sé que la comparación es atrevida e insensata, pero no fue distinto el proceder de Jürgen Habermas cuando en 1968 lo invitaron a la conmemoración de los 70 años de Herbert Marcuse. La crítica es, entonces, el mejor homenaje que puedo rendirle al escritor puneño Jorge Flórez Aybar.

2) “La agonía de Kamáchiq” viene a ser algo así como la continuación de “Más allá de las nubes”, novela inicial que el autor publicó hace exactamente una década, ya que los personajes y escenarios de ésta reaparecen en aquélla. Las variaciones son mínimas --uno que otro personaje o escenario nuevos--; lo mismo ocurre con la atmósfera, el lenguaje y las estrategias narrativas. En “La agonía de Kamáchiq” el rol protagónico lo asume precisamente Kamáchiq (en la novela anterior su papel era secundario), un marxista disidente convertido ahora al “andinismo”. Secundado por unos cuantos subversivos (militantes de Sendero Luminoso), el protagonista deberá enfrentar (o sortear) una tenaz persecución policial --un oficial apodado “Rata Blanca” es el antagonista por excelencia--, de la que al final saldrá bien librado. Entretanto entablará con sus amigos terroristas una serie de coloquios, donde las cuestiones izquierdistas, tercermundistas, populistas e indigenistas estarán a la orden del día. Gran parte de los hechos sucede en la República de los Andes (Perú), un país turbulento --asolado por Sendero-- cuya clase gobernante es autoritaria, servil con los extranjeros y fabulosamente corrupta.

No vale la pena ahondar demasiado en los aspectos técnico-formales de la novela porque pesa más en ella la ideología del autor. En efecto, Flórez Aybar insiste en proclamar el dualismo andino/occidental, incurriendo así en un maniqueísmo provinciano que, en desmedro de los valores narratológicos, lo conduce al terreno del alegato y el panfleto. Subyace en “La agonía de Kamáchiq” una actitud profundamente antihispánica y antioccidental. El autor se empeña en reavivar odios, rencores y demás traumas de origen colonial. El “blanco” es para él un ser desalmado, perverso, inescrupuloso, avasallador, codicioso, explotador, egoísta…en suma, el malo por antonomasia. La cultura andina es, al contrario, irreprochable, inmaculada, sacrosanta y, por ende, inmensamente superior; pero padece hasta hoy quinientos años de humillante subyugación. Por otro lado, su postura respecto a Sendero denota una simpatía mal disimulada cuyo resultado es la oposición subversivo-bueno/policía-malo. Del mismo modo, su encono visceral hacia la clase gobernante, a la que una y otra vez tacha de corrupta, da lugar a una oposición análoga a la anterior: pueblo-bueno/político-malo. Este aluvión ideológico produce en los personajes un efecto deplorable, ya que hace de ellos marionetas estereotipadas y predecibles.

Como ya lo señalé en el parágrafo inicial, Flórez Aybar (2004, 37; 2009, 12) quiere deshacerse a toda costa de las teorías europeas --según él, inútiles en nuestro contexto-- y apela más bien a un utópico y extravagante “tratado de teoría literaria en los Andes [sic]”. Ergo, siendo “La agonía de Kamáchiq” una novela representativa de la cultura andina, debería ser “valorada” desde una perspectiva localista. Sería una actitud consecuente con la prédica “andinista” del autor; sin embargo, la descarto de plano porque creo, recogiendo la acertada observación de Dorian Espezúa (2007, 5), “…que la teoría literaria es universal y general (por eso es teoría) y no local y particular”. Es más, Flórez Aybar incurre en un contrasentido monumental, extensivo por cierto a todos los indigenistas recalcitrantes, cuando acomete a “Occidente” valiéndose de una lengua y un esquema de pensamiento inconfundiblemente occidentales, conducta que demuestra, “…con didáctica nitidez, la ingenuidad de quienes reniegan de su origen hispánico-occidental en idioma español. Su occidentalidad se delata precisamente en sus juicios bipolares de raíz aristotélica (si es pro-español es anti-indígena, si es pro-indígena es anti-español) y también sus piadosos sentimientos morales de raíz cristiana (los pobres y buenos indios; los malos y crueles españoles)…” (Valdivia 1997, 62). Que nadie se sorprenda ni exaspere, entonces, si para hacer el análisis crítico de la novela empleo un modelo teórico europeo.

3) El análisis ideológico planteado y desarrollado por el holandés Teun Van Dijk (sobre todo en Van Dijk 2003) me proporcionará las categorías necesarias para llevar a cabo tal empresa. El análisis que emprenderé no será estrictamente literario; la naturaleza ideológica y militante de “La agonía de Kamáchiq” requiere más bien un acercamiento (o asedio) al discurso de su autor. Como vimos, la novela va más allá del afrontamiento puramente literario, llegando a plantear de modo abierto antagonismos políticos, culturales y principalmente étnicos. Este discurso está regido a las claras por la ideología indigenista. Prefiero esa denominación (indigenismo) --a despecho de Flórez Aybar, que adopta (¿acuña?) el vocablo “andinismo”-- porque, entendida en su acepción más genérica, amplia y moderna (al margen de matices y sutilezas), engloba cómodamente posturas como la del escritor en cuestión. La particularidad de esta remozada ideología es su carácter marcadamente pro-andino y antioccidental.

Plinio Apuleyo, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (2007, 109) han caracterizado así al indigenismo de marras: “No nos referimos, por cierto, a la legítima valoración cultural e histórica del pasado precolombino, que por lo demás nada tiene que ver con el indigenismo. Nos referimos a la estafa ideológica mediante la cual, quinientos años después del tropiezo de Colón con las costas americanas, ciertas camarillas políticas y sus comparsas intelectuales pretenden oponer a los valores occidentales y a la modernidad una pureza «originaria» --según la palabreja de moda-- en pugna con los herederos de la Conquista”. Por su parte, Juan Carlos Valdivia (1997, 57) ha resumido de forma espléndida --si bien comparativamente-- su ciclo vital: “Con el indigenismo, en el Perú, ha sucedido algo semejante a lo ocurrido con el marxismo, en el mundo: su necesidad de difusión se ha plasmado en un proceso inevitable de vulgarización y empobrecimiento más o menos típico en la cultura occidental: una corriente de pensamiento se hace doctrina, dogma, verdad única e indiscutible; se ideologiza, se anquilosa y, finalmente, se vuelve un prejuicio colectivo más”.

Siguiendo el enfoque teórico de Van Dijk, sin llegar al sometimiento, nos bastará advertir las escisiones maniqueas del indigenismo para comprender que estamos ante una ideología racista, lo que no es ciertamente primicia alguna, aunque muy pocos se atrevan a denunciarlo. Quien sí lo hace de manera desenfadada y por cuenta propia es Mario Vargas Llosa. El más grande novelista peruano de todos los tiempos apostrofa a “…la subespecie «indigenista», que, pretendiendo subvertir cinco siglos de racismo «blanco», predica un racismo quechua y aymara…” (Vargas Llosa 2007, 11). Esa es la ideología que se reproduce en el discurso de Flórez Aybar, en este caso, en “La agonía de Kamáchiq”. Subordinadas a su indigenismo hallamos otras ideologías afines, como el marxismo, el tercermundismo y el populismo, todas llamadas a reforzarlo, complementarlo y secundarlo, sin mayores fricciones, casi armónicamente.

4) Es mi obligación ahora probar en la novela misma lo que hasta aquí vengo sosteniendo, esto es (en apretada síntesis): las implicancias segregacionistas de la ideología indigenista de Flórez Aybar. Recurriré con dicho fin a las categorías propuestas por Van Dijk para analizar discursos de ese tipo. Mi corpus textual lo constituirán las reflexiones, ideas, opiniones y conversaciones de los distintos personajes de “La agonía de Kamáchiq”, sobre todo las de los protagonistas (el discurso de los personajes), y el relato de los hechos realizado por su único narrador que, dicho sea de paso, es omnisciente (el discurso del narrador). Demostraré, por lo demás, hasta qué punto ambos discursos están supeditados a la ideología del autor.

En lo que sigue trabajaré de acuerdo al presente esquema: (I) Proporcionaré primero algunos alcances teórico-metodológicos acerca del análisis ideológico de Van Dijk. (II) Valiéndome de dicho modelo, me centraré en tres ejes de análisis, que son los temas que predominan en la novela: la corrupción, la violencia armada y la segregación. (III) Finalmente, daré a conocer mis conclusiones.

domingo, 23 de agosto de 2009

Nuevo cuento puneño: Erotismo y goce en la narrativa de Javier Núñez

Javier Núñez



Por Darwin Bedoya

En el prólogo a «La cita y otros cuentos de mujeres infieles», la escritora Rosa Montero se detiene en una entrevista muy irritante para unos y muy excitante para otros, Montero señala: «una empresa de cosméticos italiana mandó hacer una encuesta sobre las consecuencias físicas y psíquicas del adulterio, y el trabajo arrojó unos resultados espectaculares. Al parecer, las mujeres rejuvenecen con la infidelidad; el 47% se preocupa más de su aspecto tras echarse un amante; el 28%, adelgaza y recupera la línea; el 24% asegura que su piel se vuelve más tersa y luminosa, y el 52% sostiene que la traición les da más equilibrio psicológico. Además, el 26% confiesa que no tiene ningún sentimiento de culpa: de todos los apartados relacionados con el remordimiento, este es el que obtiene el porcentaje más alto. En el caso de los hombres, sin embargo, sucede casi lo contrario. Por ejemplo, el 32% de los varones se siente muy culpable tras el adulterio; también el 32% se ven con más arrugas, y el 24%, se ven más barrigones. Se diría que a los señores les sienta fatal echar una cana al aire, mientras que a las mujeres nos pone estupendísimas». Las ideas de traición, adulterio, «canas al aire», «choque y fuga», flirteos, virginidad, virilidad, machismo, etc., van intrínsecamente relacionados con la idea de erotismo. Al igual que el concepto de erotismo está íntimamente vinculado a los misterios fundamentales de cada cultura. El arte y la literatura de cada pueblo nos hablan de la experiencia erótica desde tiempos inmemoriales, frecuentemente separados de las nociones de religión y tabú. ¿Existe necesariamente un límite entre lo erótico y lo prohibido? ¿Qué nos dice la descripción del placer y del erotismo sobre el sistema de valores de una determinada sociedad? Son preguntas que tienen que ver con los tiempos actuales y que necesariamente reflejan la condición humana y sus formas de convivencia en este nuevo mundo y su vertiginoso discurrir. Todas las grandes civilizaciones del mundo —algunas de una manera más manifiesta que otras— han mantenido teorías sobre el sexo, respondiendo a la necesidad de dar una significación al deseo y a la sed de satisfacerlo. Es el amor y el erotismo la esencia del texto narrativo que ahora nos ocupa.

¿Cuántas manos tiene un hombre cuando habla del deseo? ¿Cuántos rostros se pueden encontrar en él? ¿Cuántos sueños hay en sus noches cuando anhela el deseo? ¿Es posible apagar los fuegos interiores con palabras? ¿Es una ilusión el amor? ¿Hasta qué punto soñamos cuando no dormimos? ¿Cuántos fantasmas escritos hay en nuestro cuerpo? ¿Qué hay sobre nuestra piel cuando el deseo, la caricia y el perfume se encentran? Estas preguntas parecen residir y a la vez ser el hilo conductor del nuevo texto narrativo de Javier Núñez (Melgar-Puno, 1980) Un hombre y una mujer, una mujer y un hombre que se encuentran y se desencuentran en la intimidad son los protagonistas de estas ocho historias en las que su continente, unidad plástica, trasfondo literario, brevedad y pericia lingüística nos develan la fuerza expresiva de un autor que, al margen de modas literarias, de fórmulas preconcebidas y círculos literarios se da a conocer con este texto rotulado «Salomé y otros cuentos» (Grupo editorial Hijos de la lluvia & LagOculto editores, 54 pp. Lima, 2009). Un libro de cuentos breves y elípticos, un libro alejado de los temas andinos (excepto el cuento Salomé) y los referentes geográficos de nuestros paisajes de la sierra.

Siendo el deseo erótico el hilo del que pende y se alinea la unidad de este libro, es necesario hablar de ello. En «Salomé y otros cuentos» el erotismo no imita la sexualidad, «es su metáfora.» El texto erótico es la representación textual de esta metáfora. Con esta posición opuesta de formas de amor es que Javier Núñez nos narra historias perfumadas con un tono sicalíptico, casi como una estela que alumbra ésta su ópera prima. En estas páginas el erotismo toma en cuenta hechos de orden subjetivo, de placer, de apetito o de necesidad claramente sexual, pero también ligados al ejercicio de funciones comúnmente consideradas como no sexuales. El hombre pide, pero la mujer tiene el poder de acordar o de rehusar: «Prepárate, querido —me dijo mientras se desabrochaba la blusa, en tanto que advertí sus pechos erguidos y cubiertos con un brasier negro—. El pantalón y las bragas me los quitarás tú, porque eso es deber de los hombres». (Una noche con Pamela, p. 49) Desde el esbozo del primer paso hacia la conquista de la mujer, el hombre se desviriliza. Creemos que ahí está la clave del laberinto sexual. Hemos alcanzado, creo, la edad del «homo eroticus.» Esto ha sido posible por una conquista de la libertad que ha venido de la ciencia, la ciencia que ha hecho huir las sombras siniestras de los prejuicios, de las obsesiones, de los rituales sin rito. Poco importa si la ciencia no es extraña al proceso de difusión del erotismo: su utilización se le escapa. Precisamente Octavio Paz desarrolla la idea de que es precisamente la capacidad del ser humano para el amor y el erotismo lo que hace la diferencia para no caer en la mera sexualidad animal, cuyo único fin es la preservación del género: «El erotismo es sexo en acción pero, ya sea porque la desvía o la niega, suspende la finalidad de la función sexual. En la sexualidad, el placer sirve a la procreación; en los rituales eróticos el placer es un fin en sí mismo».

«Por el momento estamos bebiendo whisky; para empezar eso está bien. Ya vendrán los episodios de relación más íntima, porque nuestra relación de este instante es superficial, limitada a miradas, diálogos… Estamos los dos y nadie más en esta habitación, y ya se aproximan las veintiún horas. Sin duda estamos consolidando la confianza entre los dos. Debo admitir que me está comiendo con los ojos, y dentro de unos minutos ya nos comeremos en la cama». (Clara Luz, p. 12) El acto de amar no es erótico en sí; pero su evocación, su invocación, su sugestión y aun su representación pueden serlo. Siendo la obsesión sexual, manifiesta u oculta, desenfrenada o dominada, un componente, o mejor un dominante de la vida social, e ilimitado el comportamiento erótico, estaríamos tentados de buscar una definición fácil de lo que es el erotismo en el amor; por ejemplo, se podría admitir que todo lo que no es genésico es erótico. Tal vez obtuviéramos de ese modo la aprobación de los teólogos, pero esa simplificación, por legítima que sea, no nos llevaría a ninguna parte. Preferimos entrar oblicuamente en ese dominio que oculta lo que hay de más individual en el hombre. Camilo José Cela, en su «Diccionario del erotismo» señalaba que: «[…] El erotismo es la exaltación —y aun la sublimación— del instinto sexual, no siempre ni necesariamente ligada a la función tenida por sexual en el habitual uso de las ideas y las palabras. […]» Casi marcando una distancia con Cela, George Bataille calificaba el erotismo como aquella parte de la sexualidad humana que nos distingue de los animales. Visto desde este ángulo diferente, el erotismo llega a ser el aspecto de la sexualidad que no funciona solamente con los instintos. Eso lo sitúa en una posición clave de la vida humana que determina toda nuestra sociedad y sus reglas, el pensamiento o el arte. En ese entender, se le atribuye al erotismo los elementos característicos que son el amor y la sensualidad, es decir aquella forma de amor que se dirige a los sentidos.

La Pamela putísima que crea Javier Núñez, parece ser amiga íntima —¿son del mismo burdel?— de otra putita, la «Princesa inclemente» inventada por Bolaño en su cuentario «Putas asesinas» cuando esa princesita le dice a Max: «Así pues, me quito la ropa, me quito las bragas, me quito el sujetador, me ducho, me pongo perfume, me pongo bragas limpias, me pongo un sujetador limpio, me pongo una blusa negra, de seda… […] Digamos que ha sido tu danza la que ha acelerado mis movimientos. Mientras yo me visto, tú danzas. En alguna dimensión distinta a ésta. En otra dimensión y en otro tiempo, como un príncipe y una princesa, como la llamada ígnea de los animales que se aparean en primavera, yo me visto y tú, dentro del televisor, bailas frenéticamente, tus ojos fijos en algo que podría ser la eternidad o la llave de la eternidad si no fuera porque tus ojos, al mismo tiempo, son planos, están vaciados, nada dicen». Este es un fragmento de uno de los mejores cuenticos del chileno, y lleva el mismo título que el libro, «Putas asesinas»; Núñez se conecta con esta atmósfera subjetiva y sugestiva del buen Bolaño.

«El sexo es un arte —dijo— conmigo aprendieron muchos hombres… Tú estás en tu punto, te voy a enseñar muchos secretos para que seas un hombre cotizado y para que nunca te olvides de mí… […] Escucha: la primera vez que se hace es clave. Si lo has hecho bien, si la chica llegó al orgasmo, o mejor todavía a múltiples orgasmos, entonces ella jamás te dejará ni te olvidará en toda su vida…» (Una noche con Pamela, p. 51-52) El erotismo toma en cuenta hechos de orden subjetivo, de placer, de apetito o de necesidad claramente sexual, pero también ligados al ejercicio de funciones comúnmente consideradas como no sexuales. De todos modos, el contexto social, étnico, cultural tiene una incidencia demasiado marcada para que el biólogo pueda osar pronunciarse y salir de esos «límites inciertos». Sabe que la educación, el lenguaje, la tradición, el nivel de civilización, todo el medio psíquico, colaboran en las costumbres amorosas del Hombre; estimulan o inhiben, animan o prohíben, imponen o levantan «tabúes», reprimen o liberan, inspiran el pudor o excitan la osadía: «Mientras permanecía desnuda y con las rodillas levantadas, él se quitó la ropa raudamente pero no sus gafas. Me acomodó sin dejar de acariciarme y me hizo el amor con furia imparable y movimientos cada vez más rápidos. Mientras pecamos él se animalizó, ambos nos animalizamos en realidad… Tuve tres orgasmos intensos. Definitivamente fue mi mejor noche…» (Una noche inolvidable, p. 43). Como afirma Octavio Paz, a propósito del erotismo, «nada más natural que el deseo sexual, nada menos natural que las formas en que se manifiesta y se satisface. En el lenguaje, y en la vida erótica de todos los días, los participantes imitan los rugidos, relinchos, arrullos y gemidos de toda especie de animales. La imitación no pretende simplificar, pero sí complicar el juego erótico y así acentuar su carácter de representación». Esto implica que el erotismo, presupone una «sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad del hombre», cuyo elemento distintivo es el placer concebido como un fin en sí mismo. Así pues, mientras que la sexualidad aparece siempre uniforme e invariable, el erotismo, por el contrario, conforma una experiencia polimorfa y cambiante que se manifiesta en una vasto y complejo universo de «objetos del deseo», tan rico y diverso como lo sea la propia capacidad inventiva del sujeto deseante. Los polos de atracción, ciertamente, pueden ser reales o ficticios, cosas o personas, efímeros o sempiternos. El amor, por su parte, es un sentimiento intenso en el cual convergen al mismo tiempo la seducción fatal y la libre elección. En el caso de la pasión amorosa, el erotismo, en tanto que componente primigenio y nutricio del amor, se concentra y decanta en esa tríada enigmática que es la atracción —obsesión— devoción suscitada por una sola persona: él o ella: «No perdiste tiempo, seguiste echando leña para tenerme calientita, y de pronto me dijiste: ‘vamos al baño.’ Al entrar me desvestiste rápido, me desabrochaste el brasier y me lo quistaste al instante. Besaste mis pechos erguidos; yo gemía y cerraba los ojos. Te despojaste de la chaqueta y la camisa. Me arrimaste a la pared, me subiste un poco la minifalda y me quistaste las bragas, maldita sea…» (El retorno de Zoraida, p. 19), o la ascensión gradual de los actos sexuales tácitos: «En eso advertí que una chica me llamaba sentada en la silla, completamente desnuda y con las rodillas abiertas … Me acerqué a ella y nos sumamos a la fiesta carnal. Se movía como las sirenas y gemía como las lobas… No olvido su carita de virgen ni sus cabellos dorados». (Una intimidad con Shirley, p. 28). Cuando el erotismo se sublimiza se convierte en materia y motivo literario, en oposición a la literatura erótica y a la pornografía literaria. Es así que el erotismo se construye a través de formas narrativas que pueden ser poéticas, noveladas o ensayísticas, para convertirse en una escritura sobre el deseo, mostrándose en contradicción al expresarse como sensibilidad y belleza, o manifestarse como provocación y violencia, siempre en una actitud transgresora. Diferente propósito persigue la escritura erótica donde se alude a la posible concreción del deseo desde otra vertiente no esperada. Si bien el erotismo en «Salomé y otros cuentos» se insinúa, el clímax no reside solamente en las palabras, sino en el lenguaje bien realizado. El erotismo requiere una evolución en las formas y una adquisición de grandes espacios de libertad para el individuo. Sólo en ese contexto la relación sexual se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos, y adquiere una connotación artística como las escenas de «Salomé y otros cuentos». Esto no se da en culturas muy represivas ni muy reprimidas, y por supuesto, no se da en sociedades primitivas. La tradición erótica presupone un elevado nivel de civilización, tal vez un tanto porque tenga que ver con el amor. En esta interrelación del amor, el erotismo y la literatura se observa a través de las obras y de la crítica examinada, una convergencia con respecto al carácter trasgresor y a la esencia humana de lo erótico y en sus diversas formas de imaginarios artísticos en el tratamiento histórico-literario. En fin, las representaciones literarias del erotismo y de lo erótico en las obras contemporáneas, unido a otros temas considerados trasgresores como prostitución, marginalidad, homotexto, imaginario femenino o la sexofilia, son protagonistas tanto en obras del campo teórico como de las construcciones literarias post-modernas.

Las acciones de «Salomé y otros cuentos» siguen un ritmo cíclico, marcado por la actividad sexual consumada o sugerida y la subsiguiente laxitud; los simbólicos ascensos y descensos de los lugares (hoteles, habitaciones) donde culminan las escenas de máximo placer carnal. A nivel formal, erotismo y literatura muestran fenoménicamente el estado fluido y prenaciente de la prosa literaria; el lenguaje metamorfosea la realidad creando una surrealidad en la cual la fantasía, el sueño, la hipérbole y todas las fijaciones obsesivas del inconsciente, adquieren un dinamismo inagotable e irreductible a la linealidad del texto. Ello determina la estructura «en movimiento» de la obra y el paulatino triunfo de lo irracional sobre lo discursivo, del impulso y voluptuosidad de la escritura, sobre la ilusión ficcional. Actividad sexual y escritura llegan a identificarse como flujos y reflujos de un mismo ciclo vital casi parodiando a los clásicos cuando escribieron sus grandes sueños en novelas y cuentos ya consagrados no por el hombre o la crítica, sino por el tiempo. Los referentes más cercanos de Javier Núñez son el viejo García Márquez, el extinto Benedetti, tal vez por ahí la narrativa breve de Bolaño y, por supuesto, el peruano Vargas Llosa. Sin embargo la prosa de este libro, deteniéndonos en el eje temático, por momentos alude a un Nabokov y su clásica «Lolita», a un Bukowsky, a un Pérez Reverte o al Haruki Murakami de «Tokio Blues», inclusive al Philip Roth de «El teatro de Sabbah» y quizá, implícitamente por lo de García Márquez y su «Memoria de mis putas tristes», al ya legendario Yasunari Kawabata y sus putitas bellas, dormidas en los ojos del viejo Eguchi. Sin duda, con este libro, Núñez empieza a alejarse del puritanismo y estaciona su discurso en un panorama narrativo donde antes había cierto «silencio», él aparece ahora con sus aires de perturbador, sin necesidad de hacer llegar a la excitación a sus lectores. Sólo perturbándolos. Luego de estos referentes, podemos añadir también que en la narrativa de Núñez confluye alquímicamente el tema erótico y además, en buena medida la construcción de los personajes, la identidad que le da a cada uno de ellos. (El retorno de Zoraida) Fluye el punto de vista del autor sobre el discurso, se da la focalización en el asunto. (Clara Luz, Débora Rojas, Salomé) El narrador locutor se desenvuelve acorde a la atmósfera. (Una intimidad con Shirley) El tiempo narrativo se inmiscuye con la trama. (Una noche inolvidable) Es decir, el estilo del narrador Núñez va alcanzando un corpus que lo va identificando, aunque claro, lo del estilo es progresivo, pero él ha sabido marcar una distancia con lo que es un inicio y lo que es el conocimiento plasmado del arte de narrar.

Este libro es un viaje casi lúdico a través de los términos «amor» y «erotismo». El autor no solamente quiere llamar la atención sobre unas palabras de uso cotidiano que resultan ser más escurridizas a la hora de fijarlas, sino también, quiere invitar a los lectores a elevarse por encima de su propia restricción para contemplar el Eros originario, más allá del tiempo y la distancia, para así acceder mejor a las costumbres del momento que se expresa en la comunicación interhumana. Con este libro de prosa límpida y estupenda, Javier Núñez marca el trecho temporal entre hoy y los narradores puneños anteriores, que hay que leer bajo «circunstancias alternantes» históricas. Ya estamos esperando los siguientes libros que ha anunciado Javier Núñez, mientras tanto, que «Salomé y otros cuentos» nos sirva de indicación para no cometer el mismo error de dejarse limitar por la propia situación histórica y las circunstancias pretéritas en las que andaba la narrativa puneña anterior.


BIBLIOGRAFÍA:

Bataille, George: «El erotismo» Tusquets Editores, Barcelona, España, 2000, 155 pp.
Bolaño, Roberto: «Putas asesinas» Anagrama, Barcelona, 2001, 225 pp.
Cela, Camilo José: «Diccionario del erotismo» Grijalbo, Barcelona, España, 1988, 453 pp.
Chevalier, Juan: «Diccionario de los símbolos» Editorial Herder, Barcelona. 1986, 322 pp.
Montero, Rosa: «La cita y otros cuentos de mujeres infieles» Alfaguara, España, 2000, 286 pp.
Paz, Octavio: «La llama doble. Amor y Erotismo» México, Seix Barral, 1993, 221pp.
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“Salomé y otros cuentos”




EL Grupo Editorial Hijos de la Lluvia y LagOculto Editores acaban de lanzar el (esperado) libro “Salomé y otros cuentos”, de Javier Núñez. Es un texto de cuentos cuyo tópico predominante es el erotismo o la otra cara del amor. El sexo y el deseo alternan sus páginas; y el amor, como concepto tradicional, pierde el sentido…


Los títulos que conforman son:


Clara luz
El retorno de Zoraida
Débora Rojas
Una intimidad con Shirley
Fotografía
Una noche inolvidable
Salomé
Una noche con Pamela


De venta en quioscos y librerías


Más información en: xavierwriter@hotmail.com
Cel: 51951024651


Av. Floral 651- Puno

sábado, 22 de agosto de 2009

Decisión fatal

Javier Núñez

Un hombre está parado sobre un puente, mirando las aguas agitadas del río. Nadie sabe en qué está pensando ni por qué está allí. A juzgar por sus ojos se diría que está preocupado. De pronto suena su teléfono móvil. Lo alza desesperado del bolsillo de la chaqueta. En el acto presiona la tecla indicada. Nadie sabe quién lo ha llamado y qué le ha dicho. La mera verdad es que arroja el aparato y se lanza al río.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Presentación de "El Laberinto", de Alfredo Herrera


En la presentación de "El Laberinto", de Alfredo Herrera, 2 de julio de 2009.
En la foto: Luis A. Incacutipa, Alfredo Herrera, Dr. Juan Luis Cáceres y Javier Núñez

Luis A. Incacutipa


ENREDADERA
Quise seducirte con el mundo
imitando a la lluvia y su desnudez.

Enredadera de emociones
que se abrasa con el aroma de las flores
Engendra tu sonrisa
en la melancolía anidada en la flor nocturna.

No me dejes nuevamente
sin mirarme a los ojos donde naciste.

Luis A. Incacutipa

jueves, 30 de julio de 2009

Las "niñas"


Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir.

Roberto Bolaño

Las putas son las mujeres-reloj por excelencia. Desde Catulo a Baudelaire, todos los poetas las han amado. Y quien no las ama o es un impotente o un jodido puritano hipócrita de la peor especie.

Roberto Bolaño


Son preciosas, cariñosas, incluso tiernas… Sí, así son las niñas... Conocí a varias…, entre ellas a Candy, Paola, Vanessa I, Ana, Charito, Vanessa II, Dará, Rosario, y otras tantas más… Un día de estos escribiré en este blog algunas experiencias…

martes, 28 de julio de 2009

El cabo Martínez

Javier Núñez

–Usted perdone, voy a sentarme un rato.
Joaquín miró al hombre que se sentaba a la misma mesa con una botella en la mano.
–Salud, amigo –habló el hombre, y sorbió el trago.
Nunca antes lo había visto; quizá por eso pensó en cambiarse de mesa, sin embargo decidió terminar el trago que quedaba en la botella.
–Disculpe; ¿usted conoce al cabo Martínez? –preguntó el hombre mirándolo a los ojos.
–No lo conozco –Joaquín contestó categóricamente y sin mirarle la cara.
–Me han dicho que frecuenta a este bar.
–No lo sé.
–¿Usted cómo me dijo que se llama?
–Aún no le he dicho mi nombre.
–Ah, claro… Disculpe la interrupción…
–No se preocupe.
–¿Está esperando a alguien?
–No, no. A nadie.
–Entonces permítame que lo acompañe.
–Gracias.
–Lo noto preocupado –dijo el desconocido mientras se llevaba el vaso a la boca.
–No, al contrario. Estoy feliz de haberme divorciado. Es que mi mujer se volvió fea.
–¿Así?
–Se puso bien fea… ¿Sabe? Cada mañana amanecía más fea.
–¿Tanto así?
–Así de tanto… Ahora estoy buscando una chibola.
El hombre se rió mostrando sus dientes perfectos.
–No se ría. Su mujer también se va a volver fea cuando bordee los 25.
–Por suerte, no tengo una mujer estable. Sólo aventuras. Ya me habré acostado con unas cien mujeres.
–Eso está bien… Felicitaciones.
–Gracias… Salud por eso.
–Salud, salud…
–En esa mesa hay dos chibolas. ¿Por qué no las invitamos?
–Son lesbianas.
–¿Qué?
–Son lesbianas. Hace rato estaban besándose en los labios…
–No me diga.
–De veras… Mira, mira… Se están manoseando.
–¡Malditas lesbianas!… Ahora me acuerdo: el cabo Martínez detestaba a las lesbianas y a los cabros. Si estaría acá ya les hubiera metido plomo.
–¿Así?
–Sí.
–Ahora no se sabe dónde anda. La última vez que lo vi me contó que había cometido un crimen…
–¿Un crimen?
–Sí. Sólo uno.
–No sea gracioso…
–Mi amigo, el cabo, dijo que fue en defensa propia.
–¿Lo asaltaron?
–No exactamente… Le contaré su historia… Pero temo que alguien nos esté escuchando.
–No se preocupe. Aquí nadie nos escucha. Todos están borrachos.
–Está bien… Salud… Cuando Martínez aún estaba en el cuartel, el capitán Barrios lo llevó a su departamento para algún trabajo, creo que iba a redactar un oficio, no me acuerdo bien…
–Salud, salud…
–Se quedó revisando los archivos en la computadora. En eso encontró un video. Era pornografía gay. Mi amigo, el cabo, tuvo curiosidad de verlo… En la pantalla aparecieron dos hombres acariciándose, desnudos, al lado de una cama… ¡Imagínese!
–¿Y?
–Compre otra jarra, caso contrario no seguiré con el relato.
–Está bien… Vuelvo en seguida…
Joaquín se levantó de la silla y acudió al mostrador. Pidió una jarra de ron cartavio y se incorporó a la mesa donde el desconocido lo esperaba.
–En eso el cabo escuchó respirar a alguien a sus espaldas. Se asustó sin saber por qué. Volvió la cabeza lentamente. No lo pudo creer. El capitán estaba ahí, completamente desnudo, con una pistola en la mano. Cabo, sé que te gustan los hombres, dijo. El cabo, como se imaginará, no supo qué hacer. Cabo, arrodíllate y hazme el mamey. Martínez seguía sin moverse. ¡Cabo, hazme el mamey! ¡Es una orden! Mi capitán, no entiendo qué está pasando, contestó mi amigo.
–¿Que el capitán era cabro? –preguntó Joaquín.
–No me interrumpa; déjeme que termine de contarle… ¡Cabo, quítate la ropa!, rugió el capitán. Martínez no sabía qué hacer. Miró a todos lados buscando por donde fugar. No había escapatoria. ¡Cabo, quítate el pantalón o lo haré yo! Martínez empezó a temblar de miedo. Inconscientemente se aseguró la correa del pantalón. En eso el capitán lo golpeó en la cara con la culata de la pistola. El cabo cayó de la silla… El capitán trató de quitarle el pantalón. Se produjo un forcejeo entre ambos. De pronto, Martínez reaccionó con una habilidad impresionante y se apoderó de la pistola del capitán. Sin pensarlo dos veces le metió tres balazos. El capitán cayó dando estertores. Mi amigo, el cabo, volvió a asegurarse la correa del pantalón y salió apresurado del departamento. Nunca más volvió al cuartel. Ahora se encuentra prófugo…, aunque piensa entregarse a la justicia… Está medio loco el muchacho. Siempre anda diciendo: lo maté por cabro…
–Impresionante.
–¿Qué?
–Es una historia trágica.
–No sé si será trágica o no. El caso es que el capitán mereció morir…, por cabro, de hecho… Por eso lo maté…
–¿Qué dijo?
–Que lo mató el cabo, yo no…, soy inocente… El cabo fue quien lo mató… De veras, no tengo nada que ver en la vaina esa… Mi amigo, el cabo, lo mató y luego me lo contó… Sí… Soy inocente… Salud…

miércoles, 22 de julio de 2009

En el nombre de Oquendo: poesía de la miseria y/o miseria de la poesía



Por Yudio Cruz

La influencia (real o supuesta) de Carlos Oquendo de Amat en la nuevas hornadas poéticas de Puno, lejos de ser un soporte consistente (como creen todavía algunos ilusos), se ha convertido hoy en un factor altamente empobrecedor que ha hecho de la poesía un juego torpe y mecánico, indigno del mismísimo Oquendo y compatible sólo con retardados y autómatas.

Se acabó la tregua. Las falsas concesiones y las lisonjas no serán más (pese a la tradición) criterios válidos a la hora de ponderar la calidad poética de los aspirantes al parnaso puneño. Esta máxima incluye también a las mujeres, beneficiarias habituales –no todas– de esa caballerosidad masculina que, fundada la mayor parte de las veces en motivaciones extraliterarias, suele convencerlas de que son poetas, aunque sus propios textos (incluso las mismas autoras, en un rapto de lucidez) se encarguen luego de refutar esta hipérbole. Cuando se trata de opinar sobre trabajos poéticos germinales, nuestros comentaristas literarios --poetas, narradores, ensayistas, antólogos, etc.-- asumen las posturas más variopintas. Me ocuparé sólo de las extremas. Hay quienes, haciendo gala de apertura máxima o desidia sintomática, aprueban, elogian, prologan y presentan --a diestra y siniestra-- cualquier texto que aterrice en sus manos, no importa que la calidad del mismo sea ínfima. El favorecido no requiere desplegar sus dotes de persuasión (el padrinazgo será automático); es más, puede confiar en que su benefactor no lo olvidará cuando haga pública su nómina personal de nuevos poetas. Los hay también quienes reclaman para su generación el protagonismo exclusivo en la última gran eclosión de la lírica altiplánica (una hazaña imaginaria), culpando a los novísimos de ser los únicos responsables de la decadencia en la cual, según ellos, vegeta hoy la (otrora célebre) poesía puneña. Todos los novatos son malísimos y punto (premisa mayor), no se admite prueba en contrario. Tirios y troyanos son metidos por igual en el abominable saco.En respuesta a este último despropósito, sostuve hace poco (Los Andes, 22/2/9) que la susodicha crisis venía de más atrás, justamente de las canteras de quienes tan alegremente la anunciaban. Sugerí cinco nuevos nombres de modo provisorio (un evidente arrebato fraternal) y caractericé a la nueva poesía puneña como oquendiana (en su discutida versión pura, es decir, no indigenista). Señalé además que este elemento era el puente entre las dos últimas generaciones. Ya nuestros comentaristas lo habían dicho antes: los jóvenes (y los no tan jóvenes) escribían de acuerdo al modelo oquendiano. Al cabo de algún tiempo lo volvieron a decir. Bueno, repitámoslo, esta vez en coro: santificado sea el nombre de nuestro máximo vanguardista… ¡Bah! Si hay alguna diferencia entre una foto y una caricatura malévola, entre la pintura de Miguel Ángel y un barullo surrealista de manchas y garabatos, entre un vulgar estribillo de amor y un poema, en fin, entre un monigote y un poeta, el asunto debería alarmarnos antes que entusiasmarnos.

En efecto, el supremo arquetipo de los poetas más jóvenes sigue siendo Oquendo (presunción relativa). Al principio, casi todos creímos (o quisimos creer) que esta suerte de monoteísmo poético era un saludable renacimiento de nuestra vanguardia y, testarudos, desoímos ciertas voces discordantes que ya hablaban de imitaciones burdas, incoherencias y facilismos. De estos tres cuestionamientos, el primero era inconsistente, toda vez que la influencia de Oquendo no podía ser objetada a priori. En cambio, las dos últimas no parecían tan infundadas, lo que las hacía desde ya molestosas como piedras en el zapato. Alguien, en el colmo de la audacia, observó que la incoherencia y el facilismo ya estaban ligeramente presentes en el mismísimo Oquendo. Una herejía impronunciable que nadie estaba dispuesto a escuchar, una inconcebible agresión al sentido común; sin embargo, en cuestiones de fe basta ser un descreído para lanzar la primera piedra. Es más, un tipo osado e irreverente no es forzosamente un embustero. ¿Acaso todos los versos de Oquendo comparten el mismo brillo? ¿Cómo recibiríamos, por ejemplo, a un oscuro hijo de vecino que de un momento al otro se apareciera con este manojo de versos: “En tu ventana/cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles”, “El perfume se volvió un árbol”, “Las cúpulas cantaron toda la mañana”, “Árboles plantados en los lagos cuyo fruto es una estrella”y así por el estilo? (¡Ups!...olvidé que toda obra literaria es un símbolo global). Nuestra reacción (la mía por lo menos) sería análoga a la de Clemente Palma frente a un lamentable soneto --El poeta a su amada-- de un tal C. A. V. que unos bellacos le remitieron anónimamente. Estrellarse contra un hijo de vecino no implica peligro (literario) alguno, pero (¡ay!) el asunto se complica hasta el infinito cuando el susodicho, gracias a los malabares omnipotentes de la crítica (entre otros factores), abandona su estado silvestre y se transforma en mito o leyenda.

Recapitulando: a) la poesía puneña del siglo naciente es oquendiana; b) sin embargo, pesan sobre ella dos cargos gravísimos: la incoherencia y el facilismo; c) Oquendo no está libre de sospecha. Insistir en la veracidad de (a) y (c) es, por el momento, una empresa inútil. Lo que me interesa es demostrar (b); no será difícil. Veamos. Dos son los boletines (medianamente atendibles) publicados por los más jóvenes en estos últimos meses: Cascada de fuego (cuyo primer número acaba de ser lanzado aparatosamente) y Oasis (que ya va por el segundo número). En ambos encontramos secciones dedicadas a promover trabajos líricos de la nueva generación. Los propulsores de Cascada gozan ya de cierto renombre (no todos) y son autónomos en su publicación. Los de Oasis, en cambio, son muchachos neófitos que todavía no pueden prescindir del socorro intelectual de los mayores para sostener su boletín. Nos bastará echar un vistazo aquí o allá para comprobar que la mayoría de los poemas son (o parecen), en mayor o menor grado, oquendianos. En Cascada destacan (mal que bien) Glinio Cruz, Vicente Ytusaca y Luis Alberto Incacutipa (¡viva el amiguismo!); en lo que a Oasis se refiere, no existe aún entre los promocionados alguien descollante (algunos todavía no entienden que la poesía es mucho más que declaración de amor o emoción cívico-patriótica).

Tomaré el poema “Ausencia” de un tal Enrique Beltrán (el menos malo entre los principiantes) para demostrar lo que arriba me propuse. Hecho curioso, el mencionado texto se publicó tanto en Cascada (Nº 1) como en Oasis (Nº 2). Aquí va: “La noche dibuja tus cabellos/ en el espejo/ y la luna se posa/ en tus sueños/ la lluvia vela tus latidos/ y el alba duerme en tus ojos/ un ave busca tu nombre/ en la brisa/ y el río se lleva tu voz”. El poema puede gustarle a cualquiera (hay que admitirlo); sin embargo, no es aconsejable darse por satisfecho con la primera impresión. ¿Cuál será la macroestructura (significado global) del texto? Basándose en el título, un lector incauto dirá: “la ausencia de la persona amada”. Respuesta cantada que no genera ni la más remota convicción (me remito al texto). Pero, hablando con franqueza, ¿tendrá el poema de marras unidad y coherencia global? Para contestar con sensatez (y no pedirle uvas a los espinos) urge conocer su “método de composición”. Atención, he aquí una receta para convertirse en poeta oquendiano en cuestión de minutos y sin siquiera haber leído a Oquendo: 1) Enamórese necia y perdidamente (no importa de quién); 2) Seleccione una docena (aprox.) de sustantivos románticos (sonrisa, latidos, nombre, luna, cielo, ave, brisa, etc.); 3) Haga lo propio con cinco (aprox.) verbos no exentos de carga sentimental (dibujar, deshojar, caer, etc.); 4) Piense arrebatadamente en el ser amado y enlace del modo más inspirado posible los sustantivos valiéndose de los verbos (La brisa deshoja tu nombre /y mis latidos caen de la luna / Un ave dibuja tu sonrisa en el cielo…, etc.); 5) Felicidades, Ud. se graduó de poeta (vaya buscándose un padrino bonachón). Aunque parezca mentira, esta es la fórmula más usual en la mayoría de los poetas del siglo naciente. La poesía se transforma en ejercicio lúdico, maquinal y extraordinariamente fácil. Las imágenes son forzadas y abstrusas, abundan las pseudometáforas y todas las composiciones están infestadas por el tópico amoroso. Siguiendo un procedimiento tan sencillo cualquiera puede dárselas de poeta (¿habremos topado por ventura con la clave para hacer de la poesía un acto de masas?).

Enrique Beltrán es, sin lugar a dudas, un típico ejecutor de este método casero. Sería insensato exigirle a su texto unidad y coherencia porque la esencia del mismo es incompatible con esas propiedades. Para componer “Ausencia”, el autor jugueteó con 14 sustantivos (noche, cabellos, espejo, luna, sueños, lluvia, latidos, alba, ojos, ave, nombre, brisa, río, voz) y 6 verbos (dibujar, posar, velar, dormir, buscar, llevar), amén de evocar apasionadamente a su musa. Este poema puede admitir, siguiendo la fórmula ya expuesta, un sinfín de variantes lúdicas, con resultados tan hueros (aunque espléndidos en apariencia) como su versión definitiva. Por ejemplo: Tu voz duerme en la brisa/ El río dibuja tus cabellos / La lluvia se posa en tus sueños / Un ave se lleva tus latidos...y así ad náuseam. En suma, no se trata de comunicar algo sino de regodearse fabricando (al por mayor) imágenes descabelladas si bien primorosas. Quiero aclarar que no estoy descartando sin más el valor de este “método de composición”; creo que con algunos reajustes necesarios y usado con prudencia, sería medianamente útil para aquellos que quieran iniciarse (sin megalomanías) en la escritura poética y más todavía para quien tenga a su cargo la dirección de un taller (de esto puede dar fe mi amigo y ex profesor José Luis Velásquez, quien en su cátedra de Composición de Textos Literarios, aplicó un método semejante pero mucho más brillante y eficaz). Sin embargo, su empleo no puede ser de ningún modo un pasaporte gratuito para alcanzar la gloria.Los poemas semánticamente fallidos a los que da lugar la ciega confianza en el “método”, plantean al crítico (o al lector), que desee abordarlos exegéticamente, un desafío tan laborioso como inútil. En el mejor de los casos, deberá conformarse con atisbos que no vayan más allá de la generalidad y la superficie. Existe, no obstante, otra posibilidad: que oficie no de adivino (sería ocioso buscar una respuesta inexistente) sino de inventor. Así el “crítico” se encargará de la noble tarea de crear para los pobres poemas --del amigo, claro está-- el sentido del que siempre carecieron. Ahora bien, si dejamos de lado los textos individuales y nos concentramos en la poesía como fenómeno cultural, en este caso como expresión de la subjetividad de los más jóvenes, veremos que su carácter lúdico, maquinal y dócil, además de su temática amorosa, denota una actitud light que, enmarcada en la posmodernidad y a diferencia de antaño, rechaza el compromiso con las grandes causas de interés colectivo (el metarrelato de la revolución, v. gr.) y que, por el contrario, está centrada en el sujeto, una suerte de neonarcicismo que en poesía se refleja en el predominio del “yo lírico”. Parte considerable de los poemas “oquendianos”, que la generación del siglo naciente escribe con frenesí, poco o nada tiene que ver con Oquendo. Ya demostré que para fungir de poeta basta (y sobra) con asimilar un método irrisorio; la obra de nuestro máximo vate es, para quien opte por este camino, totalmente prescindible. Varios de los aspirantes al parnaso puneño --el porcentaje exacto es inconfesable-- ni siquiera leyeron en su integridad los 5 metros (si bien no soy candidato a poeta, confieso que mi primer ejemplar, en formato “alasitas”, me lo regalaron hace un par de meses); otros a duras penas recuerdan el poema titulado “Madre” (lo aprendieron a cocachos en algún colegio fiscal). De Beltrán y Cía. podemos decir que se volvieron “oquendianos” no gracias a una lectura fervorosa de 5 metros sino al contacto con poemarios (más accesibles y populares) de escritores oquedianos como Luis Rodríguez o José Luis Velásquez. Si la herencia dejada por Oquendo fue para éstos una poderosa antorcha, para aquéllos no pasó de ser un mechero indigente. De esta manera, la crisis de la poesía puneña en ciernes no es completamente imputable a la influencia de nuestro ídolo vanguardista, cuyo nombre, en este caso, se toma en vano. Sin embargo, insisto en algo: hay versos de Oquendo que, en más de un aspecto (como vimos, no los más loables), coinciden con los de Beltrán y Cía.

La pobreza de fondo (tal vez no de forma), que en nuestro medio afecta a la producción lírica más reciente (miseria de la poesía), puede ser confrontada con trabajos “sustanciosos”, cuya autoría corresponde a los poetas de fin de siglo y que, en su mayoría, obedecen a una consabida forma de asumir la escritura: la “literatura comprometida”. Esta concepción, elevada a la categoría de dogma por los marxistas, obliga al escritor a la toma de posición a favor del “pueblo” y hace de la literatura un instrumento servil de la ideología. El correlato político inevitable de la “literatura comprometida” es el izquierdismo. Tras el colapso global de los regímenes socialistas, los escritores comprometidos se quedaron sin piso. Algunos persistieron en sus convicciones políticas y, por ende, estéticas (terquedad religiosa); otros se lanzaron en pos de utopías (sub)alternas; pocos, muy pocos, pisaron tierra y aceptaron con hidalguía la victoria (por qué no definitiva) del capitalismo. Entre los disidentes encontramos a los abanderados de la llamada “literatura andina”. Integran esta comparsa escritores provincianos (y quizá algún capitalino despistado) que, para hacer frente al centralismo literario, magnifican su condición de periféricos y marginales. Si los actuales partidarios de la “literatura comprometida” vociferan (cuándo no) contra las iniquidades del neoliberalismo, cuyas víctimas lamentables son los países subdesarrollados; los escritores andinos, incapaces de superar el trauma de la conquista, arremeten contra el mundo occidental, de cuyo perverso dominio quieren rescatar a la excelsa cultura andina. Profesan un odio cerril a Mario Vargas Llosa (dizque el sumo pontífice del pensamiento occidental) y a otros “escritores criollos” (Bayly, Cueto, Roncagliolo, Thays) que, inmunes al complejo provinciano, se codean con literatos de talla universal. Y, peor aún, pretenden reducir nuestra literatura a un desfile monótono e insoportable de autores precolombinos, indianistas, indigenistas, neo indigenistas y andinos, como si por el mero hecho de haber nacido en los andes, un escritor estuviese condenado a describir los padecimientos (reales o imaginarios) del indio. Aunque no todos lo admiten (flagrante inconsecuencia), el correlato político de la “literatura andina” es obviamente el indigenismo, una estafa ideológica que, amparada en identidades postizas (fraguadas merced a un pasado de ensueño), demanda para las culturas originarias una autonomía absoluta que las libere para siempre de la execrable hegemonía occidental. Si bien los partidarios respectivos del izquierdismo y del indigenismo suelen descalificarse entre sí, hay un profundo (re)sentimiento que los hermana: el tercermundismo, esa manía típicamente latinoamericana que consiste en culpar a otros (los imperialistas, los blancos, etc.) de las desdichas, frustraciones e ineptitudes propias. Así, el poeta que se adscriba a cualquiera de estos bandos literarios, estará obligado a describir y denunciar en sus textos la paupérrima y humillante situación que, por obra y gracia del primer mundo, soportan nuestros pueblos, a los que a su vez deberá prodigar ditirambos (poesía de la miseria).

Casi todos los poetas que conforman la hornada del noventa (o fin de siglo) optaron por una u otra vertiente. En algunos casos las conjugaron armoniosamente; en otros, sumaron a su haber el ingrediente oquendiano. La violencia (política) y la andinidad son --sus voceros estarán de acuerdo-- los temas que aparecen con mayor nitidez en sus poemas. Entre quienes sucumbieron, conciente o inconcientemente, al hechizo de Oquendo figuran: Luis Rodríguez, Simón Rodríguez, Eddy Sayritupa, Wálter Paz, Rubén Soto, etc. El único puente (muy frágil, por cierto) que une a este grupo con los poetas del siglo naciente es la huella del autor de 5 metros. Los temas político-sociales o andinos, en estos últimos, brillan por su ausencia. José Luis Velásquez, Saúl Huamán, Vicente Ytusaca y Glinio Cruz son los poetas oquendianos que resaltan (el primero más que el resto) en esta nueva hornada. En ambas generaciones la influencia de Oquendo se evidencia máxime en el empleo del lenguaje poético, o sea, en la forma peculiar de construir imágenes y metáforas; los malabarismos tipográficos, la disposición de los espacios en blanco y la concepción del libro como objeto, quedan en segundo plano (aunque no en todos los casos). Los poetas del siglo naciente que ya alcanzaron un mínimo de reconocimiento (al menos en el círculo de sus amigos) se tambalean sobre un muro peligroso. Dependiendo del lado al que caigan, estarán a merced de los no tan jóvenes (y su poesía de la miseria) o los novísimos (y su miseria de la poesía). Todo parece indicar que irán a parar junto a los últimos; tal vez ya estuvieron allí y fueron los primeros en morder el polvo. En fin, lo que deben comprender, si quieren salvar sus poemas (y sus pellejos), es que hay un trillado paradigma que hundió a la lírica puneña última en una calamidad intolerable, el mismo que, por respeto a Oquendo, tienen que desechar cuanto antes.