lunes, 7 de septiembre de 2009

"Salomé y otros cuentos", de Javier Núñez


Por José Luis Velásquez Garambel

“Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”. (Oscar Wilde)

“Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo”. (Napoleón)

Se acaba de publicar “Salomé y otros cuentos” de Javier Núñez (Melgar – Puno, 1980), estudió en la especialidad de Lengua, Literatura, Psicología y Filosofía en la UNA-P., Actualmente viene desarrollando estudios de maestría en Lingüística Aplicada (UNSA-Arequipa). Posee en su haber "Espejos de bronce" (2005), un libro de escritos juveniles publicados junto a Franklin Ramos. En el 2008, con el cuento "Clara Luz", fue finalista en el concurso Regional de Cultura, auspiciado por I.N.C. de Cusco. De él, hemos leído también "Los Herejes"(en la que los personajes pertenecen a la vida real y que pueden ser identificados en las situaciones exageradas de las que participan en su afán por hacer literatura, en el espaciopuneño), una novela producto de sus lecturas de las obras de Roberto Bolaños, ese magnífico narrador chileno autor de “Las Putas Asesinas”, “Los Detectives Salvajes” y “2666”, sin duda uno de los autores de culto de las nuevas generaciones, perteneciente al Post Boom, y a quien la crítica viene reconociendo tardíamente.

Núñez relata, en “Salomé y otros cuentos”, algunos hechos que escapan a la verosimilitud y que podrían ser calificados, como alguna vez lo hizo Jorge Flórez, de snop; ello se debe a que la ideología es un eje y motor latente en nuestra cultura, que peca de moralista y secreta e hipócritamente comparte una moral doble (por un lado sanciona lo que ella disfruta y por otro goza de lo que a los otros se les está negado), que en muchos casos priva al lector de una visión más crítica y amena, obviamente esconde su apreciación en el velo de la moral, que para este caso es un obstáculo para un apreciación cabal de cualquier obra. Claro que en el arte no existe moral, es como dice Oscar Wilde, al referirse al tema de los libros o a la naturaleza de ellos: “No existen tales cosas como los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o están mal escritos, eso es todo” y en el caso de Javier Núñez, podríamos arriesgar a decir que es un talento en desarrollo, producto de la dedicación en el oficio, del ejercicio y estudios constantes. Su narrativa ha evolucionado desde sus primeros relatos, ahora muestra una técnica más lograda, el manejo de la palabra, así como un buen dominio de las estructuras.

Núñez no es un filibustero que intenta sorprender a la opinión pública publicando cualquier mamotreto que pase por texto literario para incrementar el expediente personal, o para lograr un sitial entre los tantos poseros que reclaman sitio y reconocimiento como al parecer se acostumbra en las últimas hornadas, desde esta perspectiva no cualquier hijo de vecino (sin ofender al vecino obviamente) debe dedicarse a un oficio tan delicado y noble, esto por falta de talento, formación, dedicación y lecturas.

Pues, ante todo como dice Wilde (quien también posee en su haber “Salomé”): “El artista es el creador de las cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. El crítico es quien puede traducir a otra forma o a un nuevo material su impresión de las cosas bellas. La más elevada, así como la más baja, forma de crítica es la de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en las cosas bellas son corruptos sin encanto. Ésa es su falta. Los que encuentran intenciones bellas en las cosas bellas son los cultivados. Para éstos hay esperanza. Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan sólo belleza”. Esta es una ocasión para felicitar a Núñez por este atrevido y bello trabajo, que lo sitúa como un narrador urbano.

NOTAS SOBRE EL EROTISMO

Georges Bataille.- “El erotismo es una experiencia interior, es ese "desequilibrio en el cual el ser se replantea a sí mismo y de un modo consciente. En cierto sentido el Ser se pierde objetivamente, pero entonces el Ser se identifica con el objeto que se pierde". Para pasar de un estado normal al estado erótico, manifiesta, se necesita disolver ese Ser constituido en el orden discontinuo (nuestro diario vivir cada quien con su vida y sus proyectos en ella), y para ello es necesario estar desnudos porque la desnudez se opone a ese ser cerrado que somos comúnmente. Otro filósofo para quien la mirada es esencial: lo que seduce es la visión de un cuerpo que nos muestra su secreto, su presencia seductora, su fascinante piel desnuda. Vínculo de espejos adonde la desnudez desordena los sentidos. Lo maravilloso del erotismo, entre muchas cosas más, es que la individualidad que somos se ve así desposeída aunque sea por unos instantes y en su lugar hace su presencia el deseo y la rotura de los límites en la plenitud del instante.

“No sé si la literatura se distingue del erotismo en general. Me parece que es muy importante darse cuenta del carácter infantil del erotismo en su conjunto. Es erótico alguien que se deja fascinar del mismo modo que un niño por un juego, y por un juego prohibido. Y el hombre al que le fascina el erotismo está igualmente en la situación del niño frente a sus padres. Tiene miedo de lo que podría ocurrirle, va siempre bastante lejos porque tiene miedo, no se contenta con lo que los adultos verdaderamente sanos se contentan; le hace falta tener miedo. Necesita reencontrarse con esa situación infantil, cuando se encontraba amenazado constantemente por una riña, de forma muy severa incluso; de un modo insoportable, intolerable. (El énfasis es mío)”.

Mario Vargas Llosa.- "Digámoslo desde el principio: no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. Una literatura especializada en erotismo y que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre. Un texto literario es más rico en la medida en que integra más niveles de experiencia. Si dentro de ese contexto el erotismo juega un papel primordial, se puede hablar verdaderamente de literatura erótica. La Celestina, por ejemplo, es una obra maestra, probablemente la más importante de la literatura española después del Quijote. Decir que La Celestina es una obra erótica sería empobrecerla, porque aunque es eso, también es muchas otras cosas: una obra de una gran riqueza verbal, de una gran inteligencia en su construcción, que incluye muchas manifestaciones de la vida -la moral, la cultura, la psicología-, pero indudablemente el erotismo tiene en ella un papel primordial. ¿Un ejemplo contemporáneo? Lolita, de Nabokov, una de las grandes novelas modernas. En ella el erotismo tiene un papel principal entre muchos otros ingredientes que juegan un papel similar dentro de una gran complejidad. Así es como se da en la vida la experiencia erótica. Una exaltación muy desembozada de la pulsión sexual, de la fantasía erótica, de los fantasmas, del derecho al placer. Todo eso está en Lolita, que, por otra parte, es una obra muy intelectual. El mejor erotismo nunca está disociado de otras manifestaciones, que, además, lo enriquecen".


Publicado en el diario Los Andes

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