martes, 24 de mayo de 2011

"Asesinas" y el Grupo Editorial Hijos de la Lluvia en Tacna



El café Zeit y la editorial Cuadernos del Sur invitan a los amantes de la literatura a las Noches de Bohemia, donde se ha programado PUNO: DESDE EL OTRO SUR, narrativa y poesía. Llegan a nuestra ciudad las nuevas voces de la literatura puneña: Luis Pacho, Darwin Bedoya, Carlos Mendoza, Javier Núñez y el editor y escritor Walter Bedregal. Con ellos dialogaremos sobre sus últimos libros publicados recientemente por el importante Grupo Editorial "Hijos de la Lluvia" (Juliaca).


La cita es este viernes 27 del presente en el Café Zeit, calle Deustua # 150 (al frente de la Reniec Tacna), a las 7.30pm. EL INGRESO ES LIBRE


Los esperamos


martes, 17 de mayo de 2011

La ficción nos enseña a ser humanos: Volpi





Publica el ensayo “Leer la mente”, acerca de cómo opera el cerebro ante el arte






Yanet Aguilar Sosa El Universal
yanet.aguilar@eluniversal.com.mx


A Jorge Volpi la ciencia lo seduce desde que a los 12 o 13 años comenzó a leer divulgación científica. Le interesa a tal grado que en En busca de Klingsor, la novela que lo dio a conocer a nivel internacional, exploró los territorios de la física; luego en No será la tierra se adentró en la biología, y en su más reciente ensayo Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción (Alfaguara) el narrador explora en el cerebro y demuestra que la ficción ha permitido la evolución de la humanidad.

Hay una premisa que persigue Jorge Volpi en este nuevo libro, la idea de que “la ficción nos enseña a ser humanos”. Varios años de estudio y lecturas, dos cursos que ha impartido sobre el tema, uno en la UNAM y otro en la Universidad de Méndez Pelayo de Santander, le han confirmado al escritor que “la literatura no nos hace mejores personas, pero sí nos permite apreciar la riqueza y la variedad de lo humano, de lo que significa ser humanos”.

El narrador - que recibió en 2009, a los 41 años, el Premio Iberoamericano José Donoso por el conjunto de su obra- asegura que cualquier ficción, sea la literatura, el cine, el teatro, los videojuegos o la televisión, permiten a los seres humanos adentrarse a otra realidad, vivir otras vidas y evolucionar.

“Evolucionamos gracias a que el cerebro se hace más grande, a nuestra capacidad de imitarnos los unos a los otros, a nuestra capacidad de aprender así más rápidamente; pero también a nuestra capacidad de imaginar le debemos la ficción, o sea que nacen paralelamente”, dice el autor de obras que han sido traducidas a más de 25 lenguas.

El homo fictius

A partir de preguntas como ¿qué pasa en mi cerebro cuando leo una novela o un cuento?, ¿por qué sufrimos o gozamos con los personajes de los relatos y de qué forma los lectores nos transformamos en esos personajes? o ¿es una idea tuya o alguien la sembró en tu conciencia mientras estabas distraído?, Volpi se adentra en los misterios del cerebro impulsados por la ficción.

“El ser humano en algún sentido podría llamarse homo ficticius, pues más que inteligencia es capaz de producir ficciones, otras especies tienen otro tipo de inteligencia, otras especies tienen otro tipo de conciencia, pero hasta donde sabemos somos la única especie capaz de producir ficciones”, señala.

Jorge Volpi confirma que la ficción, en términos generales, hace que vivamos mejor y es por eso que la necesitamos tanto, “por un lado nos permite vivir otras vidas, pero por el otro nos ayuda enormemente a construir nuestra propio yo, que también es una especie de novela; el contacto con ficciones que nos permitan encontrarnos con otras vidas semejantes nos permite imaginar posibilidades para nosotros mismos y entendernos mejor”.

El autor de El fin de locura y El insomnio de Bolívar. Consideraciones intempestivas sobre América Latina a principios del siglo XXI, con el que obtuvo el II Premio de Ensayo Debate-Casámerica, dice que la ficción genera la capacidad de ponerse en el lugar de los otros, de vivir otras vidas y de jugar con ellas y explorar nuestro yo.

“Todo eso nos permite ponernos en el lugar de los otros y construir nuestra propia idea de nosotros mismos a partir de esos elementos ajenos, que ya no son de esas personas que conocemos y que nos rodean sino de esa infinidad de personas que habitan la ficción, los libros, las películas y los videojuegos”, comenta Jorge Volpi.

Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción es un libro que está pensado para que el lector común reflexione sobre cómo ocurren los mecanismos del cerebro cuando está leyendo o en general, cuando está ante la ficción literaria, también frente al cine, la televisión, un video juego o el teatro. “Muchos de los ejemplos tienen que ver con hacer mucho más claros estos mecanismos y que puedan ser entendibles”.

¿Cómo se crea la conciencia?

Jorge Volpi reconoce que la conciencia es darse cuenta de uno mismo y eso ocurre cuando aparece en el cerebro humano esa especie de salto, de rizo o de bucle que puede contemplarse así mismo; es decir, son las ideas en el cerebro que de pronto son capaces de contemplarse a sí mismas y esa sensación de contemplarse a sí mismo es lo que se llama conciencia.

Para el escritor la ficción ayuda al ser humano a construir un yo. “El yo no es una estructura física, no hay ningún lugar en el cerebro donde esté el yo, no habita ahí un hombrecito, como se llegó a pensar en algún momento; el yo es un conjunto de ideas complejas, capaces de verse a sí mismas y creemos que el yo nos esa unidad de la conciencia que está dada por esta especie de gran ficción que termina siendo el yo”.

El ensayo que Jorge Volpi construyó a partir de cinco capítulos fue escrito desde la certeza de que quería hablar sobre la ficción desde un punto de vista científico, pero para ello utiliza elementos de la ficción misma a fin de ejemplificar sus argumentos.

El escritor concibió su ensayo como una gran ficción, como un gran juego con información social relevante que permite a los seres humanos vivir otras vidas. “Gracias a esta capacidad que tenemos de ficcionar y de que nos es tan imprescindibles, estamos todo el día queriendo confrontarnos con ficciones, vemos la televisión, jugamos videos, vamos al teatro, escribimos”.

Hay muchos estudios sobre el cerebro, pero hay pocos libros que hayan vinculado el tema con la ficción. “Mi aporte es querer unir los avances más recientes en el campo del cerebro, con la ficción y con la literatura”.




fuente:http://www.eluniversal.com.mx/cultura/65446.html


sábado, 30 de abril de 2011

Maynor Freyre en Puno









En Puno, el pasado 28 de abril, Maynor Freyre ofreció una charla sobre la narrativa breve de José María Arguedas y presentó su novela Par de sátrapas con el comentario de Feliciano Padilla.




En Puno: Maynor, Verónica y Javier


Junto a Maynor Freyre

domingo, 17 de abril de 2011

La muerte poética en "Leve ceniza"




Por Boris Espezúa Salmón


Hace ya algunos meses ha sido publicado “Leve Ceniza” de Darwin Bedoya, poemario que hace pocos días tuvimos la suerte de adquirirlo y cuyo contenido nos motiva el presente artículo, el libro ha sido premiado con la Primera Mención Honrosa en la I Bienal de Arte “Víctor Humareda Gallegos” en el género de Poesía- Lampa en el año 2009. El autor nació en Moquegua en el año 1974, es Poeta, Narrador y Editor. Es docente de Lengua y Literatura, ha publicado poemas y cuentos en conocidas revistas de literatura del sur peruano.

En su trayectoria cuenta el haber logrado algunos méritos como el reconocimiento con la Primera Mención Honrosa en el Concurso Nacional de Poesía “Premio Pucará” Huancayo – 1997, organizado por la revista de literatura Cascadas; segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía premio “Alberto Hidalgo” Arequipa – 1998, organizado por el semanario El Clarín, primer premio (compartido) en el concurso departamental de poesía “Premio Simón Fidel Quispe” Puno – 1998, organizado por la CUBUP – Puno; finalista en el VII Certamen Internacional de Poesía Ciudad de Torrevieja convocado por el Instituto Municipal de Cultura “Joaquín Chapaprieta” de Torrevieja-2002. España-Alicante.

Es integrante de la CADELPO (Casa del Poeta Peruano) filial Juliaca, fue coeditor de la revista de literatura “Pez de Oro”, editor de la revista de literatura “Lágrimas de Cocodrilo”, director de Cuadernos bimestrales de poesía “Espantapájaros” y del tabloide de Poesía “El Aguafiestas”, es editor de la revista de Literatura “La Rama torcida”. Ha publicado varios poemarios previos a: “Yarume, primera edad del silencio” (2006) de los cuales el confiesa que fueron de aprendizaje. En lo que corresponde a narrativa a publicado: “Aunque parezca mentira” (2008) y el texto: “Aunque hacías falta” (2009).

Es llamativo para un poeta y narrador tener una trayectoria casi espléndida en los años tempranos en que aún transcurre. Ello es un síntoma de que ahora los jóvenes tienen más facilidades para publicar sus obras y que existe más eventos donde pueden participar para construir en breves tramos toda una trayectoria literaria. “Leve Ceniza” es un poemario que está escrito en prosa, esta técnica tiene precedentes en muchos poetas nacionales como el caso de Julio Ortega, Javier Sologuren, Juan Gonzalo Rose y algunos horazerianos como Enrique Verástegui. El libro está planteado con un temario previo que es la muerte, y que sirve de común denominador a todo el conjunto del poemario que está dividido en cuatro secciones: Poiesis, Cantares, Salmos y Rituales. El tema de la muerte que hace alusión a la ceniza no es nuevo en la poesía, sin embargo el abordaje, la aliteración de los significados si tiene en Bedoya una singularidad que le permite lograr efectos de alta sugestividad. El hombre es el único ser consciente de la muerte. Para el filósofo Hegel la muerte es el tránsito de la individualidad a la universalidad. La muerte es entendida como una creativa autoliberación de la especie, somete sus fines particulares a los fines universales lo que implicará la superación de la conciencia desgraciada y su propia salvación o autoreconocimiento. Lo finito es un pasaje hacia lo infinito. Gracias a la muerte el espíritu que no se ha afectado por ella vuelve en sí. El poeta en versos dice: (VII) “Donde poso el cansancio de mis ojos, donde me detengo un instante, veo la terrible expiación de mis días. Me pregunto: ¿Qué verán mis ojos cuando mi soledad sea antigua como las piedras? ¿Qué tipo de ángeles lamerán estos huesos? (VIII) “Trazo estas líneas para borrar una parte del abandono que he sido. Dejo estas palabras al silencio y entierro mi gran enfermedad, para seguir siendo el mismo animal oscuro que te llama cada tarde. Escribo remedios para este mal que te aleja. Un día mis manos buscarán un cielo devastado y oscuro. Este cuerpo que tengo será nuevo para mí” En estos poemas, el autor nos habla de tres niveles de muerte: Cuando uno está por morir, cuando ya ha muerto y después de muerto habla para sí. En el mundo andino la muerte es solamente un estadio, ello significa que alguien que muere vive o renace, por lo que no resulta ilógico en esta perspectiva que una vez muerto el difunto hable con su amada, se refiera a la posibilidad de renacer en nuevos días. En espacios aymaras los muertos cohesionan los grupos sociales. La vida, la comunicación con los ancestros, forma parte del mundo, en el cual el pasado y el presente interactúan siendo el pasado personificado en cuyos poderes se mantienen el presente y garantizan el futuro, se venera a personas consideras socialmente relevantes después de su muerte para que vivan como luces que nos iluminan constantemente.

En otros pasajes del poemario “Leve Ceniza” se dirá: (XL)” La poesía nace de un rostro abandonado. Es un alfabeto de cenizas y va quebrantando la última palabra de mis labios. Es que la poesía, como el viento, no tiene morada. Y nadie sabe cuándo viene, pero sólo así podría llegar un día, confundida con ella misma. ¿A qué viene la poesía? (XLI) “Un desierto de ceniza oscura se abre a mis pies. A lo lejos veo a mis ángeles entristecidos, de sus labios tiznados sale mi nombre como una maldición. Yo humedezco mis ojos con saliva negra: todo este tiempo estuve escribiendo sólo para desordenar el silencio y las palabras. Mi única forma de escritura era esta existencia que presagiaba los verbos del principio y del fin”.

El poeta en estos versos expresa que la finitud, mal que nos pese, define nuestra condición y nuestras posibilidades. Lo paradójico es que la muerte no es ni absolutamente externa debido a nuestra mortalidad, ni absolutamente interna debido a que con ella se acaba la vida y todos sus acontecimientos y posibilidades. La muerte cuestiona radicalmente el sentido de la existencia humana y de la libertad al ratificar la insuficiencia de nuestro proyecto de vida. La muerte como desposesión nos revela nuestra última coincidencia con nosotros mismos, el hecho de que no nos poseemos radicalmente. Además cuando se alude a la poesía y la muerte, existe entre ambas unos vasos comunicantes por el cual se expresan lealdades y deslealdades, es decir que la mejor forma de expresar el sentido de la muerte es mediante la poesía o la filosofía y la mejor forma de no expresarlo es callando poesía y callando filosofía. Que la poesía no tenga morada, y es etérea, es absoluto en el plano de la estética y es relativo, puesto que también la poesía fija y refija el sentido terrígeno, pero no la posee como algo enclavado, sino la desposee para abrirle las alas al viento. La escritura y la muerte por otro lado también tienen su solitaria expresión de controversia y de significación. El ser humano es una suma de fragmentos, es un ordenamiento de aspectos volátiles. La idea de la muerte es una constante que se concreta bajo el rostro de una máscara de misterio que abre y cierra los poemas de Bedoya. Aquí el sujeto poético se interroga sobre quién es él, sobre su destino marcado y sobre el origen y el final de las cosas, para unificar un puñado de imágenes rotas en la única razón que sostiene al autor, que es el de escribir como una manera de vivir y combatir a la muerte.

“Leve Ceniza” está lleno de sueños, reflejos, identidades fragmentadas, polifonías fantasmagóricas, que remiten al lector a un ámbito de sueño dentro de otro sueño y el reflejo dentro de otro reflejo, que expresan la imposibilidad del ser humano de reconocerse en la vida, sino sólo en la muerte. La última parte del libro que tiene el segmento de rituales, leemos: (XCI) “Llegaré hecho sombra, no existirá mi fantasma. Mis huesos y mi sangre serán un recuerdo, unos rastros de olvido comenzarán a pesar en mi forma de escalera y un perro hambriento lamerá estos huesos. Todo por amor al olvido.” (XCII) “ Un cráneo rebalsando mariposas, un caballo galopando sobre las palabras que bebo como un vino ciego, unas manos diciendo adiós, como un gusano perdiéndose en la bruma de la carne, creo que sólo es alguien llorando un mar de ausencias en mi pecho, mariposa que se posa en los vanos de mi cráneo. Eran muchos caballos y hacía polvareda. Las mariposas siguen volando para saber que existen”. El poeta se interroga sobre el desenlace del cadáver, sobre cómo existen elementos como el caballo y las mariposas que implican los sueños roídos, el paso de una naturaleza muerta a una naturaleza viva. Hay una crisis de elementos simbólicos que implican salvación, un morirse para vivir, un perder verdaderamente para dar paso al hallazgo como decía Vallejo.

Estamos frente a un poemario que desarrolla un tema singular, que es una muestra de mayor seriedad frente al texto poético, lo que también se expresa en otro coetáneo de Bedoya como es el poeta Luis Pacho que en su texto “Horas de Sirena” de igual forma nos trae una historia, un tema específico que desarrolla como Bedoya con mayor destreza en el uso de las palabras poetizadas. Nuestra poesía puneña puede seguir elevando las alas por horizontes promisorios. El hecho de que el trabajo poético se realice con mayor exigencia y cada poeta elija un camino donde confluyen con nuestra riqueza histórica y nuestro acervo mágico, es sintonizar por un valor agregado que nos viene de fabrica a los puneños y que al mismo tiempo sintamos que tenemos la necesidad de develarlos y desarrollarlos, ese es el reto común por el cual pervive la ética y estética frente a la hoja de papel y el sentido de pertenencia de las nuevas generaciones a una patria, a una región que nos nutre con toda la arcilla viva para moldearla y expresarla. Leve Ceniza es una ruta abierta, un planteamiento insurrecto desde el lenguaje, cuyos códigos poéticos se fundan en el silencio, en el vació y en la muerte.


sábado, 9 de abril de 2011

¿Quién fue Salomé?





Por Javier Núñez


Cuando publiqué Espejos de bronce (2005), al alimón con Franklin Ramos, decidí definitivamente dedicarme a la literatura en tiempo completo, aunque tendré que morirme de hambre, me dije, a lo Gabo. Decidí dedicar todas mis fuerzas y energías a la literatura. Mi primer plan fue no casarme ni tener hijos… Entonces empecé a escribir de día y de noche. Llegué hasta el extremo de no diferenciar la realidad de la ficción. Ahora, la relación que tengo con la literatura es de tipo matrimonial.

Por aquella época —después de publicar Espejos de bronce— conocí a una chica en la Facultad de Educación (UNA-Puno). La vi en varias ocasiones y, desde luego, llamó mi atención. Era bonita, aún niña. Tenía unos ojos hechizantes… Por pura curiosidad le pregunté a un amigo de su salón:

—¿Cómo se llama?

Él me dijo:

—Salomé…

Fue la primera vez que escuché ese nombre que significa mucho para mí. Me trajo un montón de felicidad y satisfacción en mi carrera literaria. Salomé se convirtió en mi carta de presentación. Todo el mundo hablaba de Salomé, y ella estaba ahí…, acompañándome sigilosamente…

Cuando publiqué Salomé y otros cuentos (Grupo Editorial Hijos de la Lluvia, 2009) —con la ayuda de un gran amigo, Walter Bedregal— empecé a caminar con paso firme, completamente decidido a dedicar mi vida a la literatura…

Pero Salomé no sabe que me inspiré en su nombre el título de mi libro.

lunes, 21 de marzo de 2011

¿Diario de un puto asesino?


Por Walter Paz Quispe Santos


Javier Nuñez creo que disfruta de una vida feliz. Ese beneplácito con las mujeres lo ha llevado a poblar su mente de imágenes obsesionadas con el sexo y la sangre fría. Por eso nos trae un bello libro de cuentos titulado “Asesinas” (Grupo Editorial Hijos de la lluvia, 2011). No se trata de un apologista de la indecencia asesina sino un desbocado que en medio de tanto conservadurismo temático en nuestra literatura busca conmovernos con las extravagantes urgencias de este tiempo. No cabe duda que todos y cada uno de nosotros tiene su propia excentricidad de pensamiento o de conducta en relación con los aspectos sexuales de la vida. Una de las cosas sorprendentes de los crímenes sexuales es que no existe, ni ha existido nunca una opinión consensuada sobre lo que puede aceptarse y lo que debe ser repudiado. Formas de conducta que son aceptadas y aprobadas, por lo menos tácitamente, en un lugar suelen, en otro tiempo y ubicación distinta desatar la cólera de la sociedad y de las autoridades sobre el perpetrador.

Se trata de una decena de cuentos que buscan en el lector la masturbación y el placer de la frialdad de la sangre congelada. Mucho antes de que Vladimir Nabokov, el brillante novelista, escribiera su fantástica descripción de las profundas emociones que embargaban a Humbert-Humbert, era bien sabido entre los estudiantes y profesores de Psiquiatría que ciertos hombres sólo pueden obtener verdadera satisfacción emocional y sexual con jovencitas. Se había llegado hace tiempo a esa conclusión, tanto desde el punto de vista teórico como práctico por el hecho de que algunas casas de prostitución, desde hace mil años o más años, mantenían jovencitas para las preferencias especiales. Esa forma de lolitalismo es frecuente en los cuentos de Javier Nuñez que hoy toma el nombre del hedonismo mezclado entre el placer y el dolor.

Un tema no apto para puritanos y conservadores, se trata de una referencialidad muy frecuente en la narrativa contemporánea al puro estilo de Roberto Bolaño de quien Javier Nuñez transcribe una cita memorable de su libro “Putas asesinas”: “Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir". Y la dedicatoria por cierto es elocuente: A Shirley, Pamela, Sheyla, Stephanie, Paola…, con la esperanza de volver a verlas.

Javier tal vez usa sadismo para regalarnos uno de los libros más libertinos donde se deriva el placer sexual del dolor y el sufrimiento o castigo extremo como la sangre fría.

Presentación de "Cuerpo enamorado", de Carlos Mendoza


El pasado 18 de marzo se presentó "Cuerpo enamorado" de Carlos Mendoza (Ayaviri, 1990).

En las palabras de presentación: Walter Bedregal (representante del Grupo Editorial Hijos de la Lluvia)

Con los comentarios de:

Luis Pacho, Boris Espezúa y Percy Zaga